QUIEN GANO EN VENEZUELA EL 2 DE
DICIEMBRE DEL 2008
Antonio Aponte
Perdió Chávez, ganó el “no”, ganó la
oposición, ganó la contrarrevolución. Todas serían respuestas correctas,
pero se quedan en la superficie.
Para entender el movimiento de la
política venezolana, para pronosticar, para seguir avanzando, debemos
intentar más profundidad en el análisis del referéndum de diciembre 2007.
Empecemos por preguntar:
¿Qué fuerzas, cuáles ideologías, cuáles
proyectos pugnan por la hegemonía social en Venezuela?
Venezuela es un país rentista desde hace
cien años, esta condición ha construido una sociedad sui generis, en la
que las clases sociales giran alrededor de la renta petrolera. Así, las
oligarquías se forman y se nutren, no fundamentalmente de la plusvalía de
los obreros venezolanos, sino de la transferencia de la renta. Lo mismo
podríamos decir de los trabajadores, y de los excluidos, su condición
social depende de su relación con la renta petrolera.
En Venezuela es más importante la
captura de la renta, que la apropiación del trabajo.
Veamos, rápidamente, cuál es el cuadro
de las clases principales de la sociedad venezolana:
Una oligarquía antigua,
heredera de riquezas tradicionales, con fuertes lazos con el imperio
capitalista, contrarrevolucionaria.
Junto a ella una neoligarquía
formada en el período revolucionario, que vive la dicotomía existencial,
de estar obligada a mantener un discurso revolucionario que contradice sus
nuevos intereses económicos.
La clase media alta,
transculturizada, cocinada en los valores del capitalismo gringo,
consumista, superficial, apatrida.
una clase media baja,
proveniente de los excluidos, o de la clase campesina, son pequeños
comerciantes informales, taxistas, empleados públicos de menor rango, que
vive en una franja de alta inestabilidad social, un día se acuestan
propietarios y al otro día amanecen literalmente en la calle,
damnificados, indigentes.
Los obreros,
luchando por encontrarse con su ideología, debatiéndose entre la puja por
la renta y el papel histórico que deben cumplir en este período
revolucionario. En este sector está surgiendo una dirigencia que cada día
es más conciente de su papel, aunque persiste la mafia dirigente
tradicional, encargada de impedir que las luchas obreras vayan más allá
de lo reivindicativo inmediato.
Los campesinos,
pocos, ha sido una clase desplazada a la ciudad en busca del sueño de la
renta que les alivie las miserias y el abandono del campo.
Una gran masa de excluidos,
marginados de todo beneficio social.
Antes de entrar a diagnosticar los
proyectos que pugnan por la hegemonía, hablemos de una característica
propia de nuestra sociedad.
Aquí en Venezuela, donde la riqueza se
genera fundamentalmente en PDVSA, empresa del Estado, que con pocos
obreros, captura plusvalía internacional, el problema central de la
Revolución es cómo se invierte la renta petrolera.
Los proyectos de país lo determinan la
respuesta que se de a este asunto.
Unos postulan que no es definitorio en
qué se invierte la renta, por lo tanto, se puede crear capitalismo con
ella, siempre y cuando se mantenga la propiedad sobre las grandes empresas
estatales generadoras de riqueza. Proponen así una suerte de
Socialcapitalismo.
Sería un sistema híbrido, en el que se
conviviría con un capitalismo que piensan controlar anulando su naturaleza
voraz, expansionista y su manifestación política.
Frente a esto, otros postulan que el
Socialismo es ante todo un problema de creación de Conciencia del Deber
Social, de rescate de la armonía social perdida por el espíritu egoísta
del capitalismo, y que esa Conciencia del Deber Social debe tener su
soporte real en la Propiedad Social de los medios de producción
administrada por el Estado. Y que la propiedad no social, en
cualquiera de sus formas, es base material para el capitalismo.
Fácilmente percibimos que la inversión
de la renta no es meramente un asunto económico, al contrario, se trata
principalmente de un asunto de formación de conciencia. Y debemos tener en
cuenta que la conciencia, en este país, no se genera donde se genera la
riqueza, que es una forma sui generis de generarse, no viene de la
plusvalía nacional, sino que es una captura de plusvalía internacional.
Siendo así, sí se rodean a la Propiedad
Social administrada por el Estado de un cordón capitalista, este cordón
creará conciencia capitalista en la sociedad, se expresará políticamente,
yugulará al Socialismo, y terminará por privatizar las empresas estatales,
por llevarlas al campo capitalista. La historia nos dice que en los
sistemas híbridos, cuando el Socialismo ha sido permisivo con el
capitalismo, este termina por imponerse y engullir al Socialismo.
Por tanto, es necesario invertir la
renta para formar una economía de Propiedad Social administrada por el
Estado, que sea generadora de Conciencia del Deber Social. Economía y
conciencia que son la base del Socialismo.
Ahora entendemos que los proyectos que
pugnan por la hegemonía, se diferencian por el uso que proponen para la
renta petrolera. Se pueden clasificar en dos grupos:
El proyecto capitalista,
que agrupa a las oligarquías, la vieja y
la nueva, dentro y fuera del gobierno. Se presenta con dos variantes:
Una, la francamente capitalista,
atada al imperio gringo, privatizadora de las grandes empresas estatales,
segregacionista, despreciadora de los humildes. Esta variante cuenta con
la clase media alta, y es francamente contrarrevolucionaria.
Otra, la capitalista vergonzante,
es de reciente formación, nació en la Revolución Bolivariana, postula el
socialcapitalismo del que antes hablamos, impulsa a sectores
francamente capitalistas y evita las formas de propiedad social.
Y por último, la propuesta
Revolucionaria, la Socialista, que propone la utilización de la renta
para la creación de la base material: la propiedad social, y la base
espiritual: la conciencia del deber social, que sustente el Socialismo.
Ya estamos en condiciones de analizar
los resultados del 2 de diciembre con más profundidad.
El dos de diciembre triunfó el “no”. La
marcha de la Revolución, el rumbo de la sociedad venezolana, el destino
del continente, dependen del riguroso análisis que se haga de los
resultados del referéndum del 2 de diciembre. Veamos.
Es necesario buscar las causas más
profundas de ese resultado adverso, corregirlas y, tal como hacía el
Libertador, crecerse frente a la adversidad, sólo de esa manera
transformaremos el revés en victoria.
Debemos aceptar con valentía que algo
estamos haciendo mal, cuando hemos perdido millones de votantes, a pesar
de las misiones, de los consejos comunales, de los microcréditos, los
bancos comunales, las mesas técnicas, el aumento del consumo, mercal, las
obras de infraestructura, el extraordinario liderazgo del Comandante
Chávez, etc. etc. etc.
Lo que estamos haciendo mal lo podríamos
buscar en los hombres, y sustituirlos, estaríamos así sustituyendo sólo a
los instrumentos del error, sería un pañito caliente. Podríamos ignorar
las fallas, sería un suicidio en primavera. Podríamos asustarnos y
retroceder en el camino del Socialismo, volver al pasado por las trochas
de la conciliación con el capitalismo, sería asesinar la esperanza.
La causa profunda de los errores
cometidos que nos llevaron al tropiezo del dos, debemos buscarlos en la
ideología hegemónica hasta ahora. Expliquemos.
La Revolución ha estado hegemonizada por
la ideología de la pequeña burguesía, que se caracteriza por una acertada
percepción del capitalismo: lo diagnostica como el origen de la miseria
espiritual y material de la sociedad, pero al mismo tiempo tiene inmenso
terror a superarlo de la única manera que se puede superar, con el
Socialismo auténtico, el de la Propiedad Social de los medios de
producción y la Conciencia del Deber Social.
Esta ambigüedad, este navegar en dos
aguas, hace que la pequeña burguesía busque “fórmulas de cambio” que dejan
intactos los pilares del capitalismo, en esa ambigüedad se desgastan los
procesos, no avanzan, y terminan por restaurarse el capitalismo franco, el
que se une a las formas más avanzadas del capitalismo mundial, la
globalización.
Esta suerte de soluciones a medias, de
querer construir una realidad nueva sin sustituir la vieja, esta fantasía
de convivencia de los dos sistemas, de cohabitar las dos conciencias, nos
lleva a cometer errores y a descuidar el objetivo principal de la
Revolución: Instalar en la sociedad la conciencia del deber social,
organizar esa conciencia, darle base material.
Siendo así, fallamos en la construcción
de la base material, cuando no sabemos convivir con las formas
capitalistas sin convertir esa convivencia en un modelo estratégico, y
convertir a los empresarios en el ejemplo del hombre nuevo.
Siendo así, fallamos en la construcción
de los instrumentos organizativos, al no hacerlos vehículos para la
formación de la conciencia, sino territorios para el ejercicio del
egoísmo.
Siendo así, fallamos en la creación de
una nueva cultura y adoptamos las viejas manifestaciones culturales
reproductoras y perpetuadoras de los valores que sustentan al capitalismo,
obstáculo principal de la Revolución.
Esta ideología, que nos condujo hasta
aquí, ¡fracasó!, es necesario sustituirla, por la ideología
revolucionaria. Preñar a la sociedad de Socialismo, y no puede haber
preñez a medias.
¿Cómo se expresará esta situación en lo
político en los próximos días?
La política revolucionaria en este
período estará signada por la lucha entre el proyecto de la oligarquía
emergente y el proyecto Socialista.
La oligarquía emergente busca construir
un nuevo pacto político con la oligarquía tradicional, que tenga como base
económica un capital socialismo. Es así que se aúpan la formación
de nuevos empresarios, y estimulan a los empresarios ya existentes, crean
formas de propiedad nosocial. En la práctica sustituyen las metas
socialistas por una presunta democratización del capital.
Por ese camino se les presenta un
problema de imposible solución: si la Revolución no avanza en la
construcción del Socialismo, si se estanca en el capitalismo, no pueden de
ninguna manera resolver los problemas sociales que el capitalismo crea, a
lo sumo, podrán disimularlo con la alta renta petrolera e inevitablemente
se desgastarán.
Pero además, ese camino ambiguo del
socialcapitalismo, no nos permite derrotar definitivamente a la
oligarquía, porque las ideologías de las oligarquías, la nueva y la vieja,
son en el fondo la misma, no son contradictorias. Esto se manifiesta en lo
político en formas y convenciones legales permisivas, donde la oligarquía
tradicional se refugia para luego de cada derrota acumular fuerzas para
una nueva arremetida.
De esta manera, la Revolución está
condenada a una situación de desgaste, con períodos de calma y
conciliación con la oligarquía tradicional, seguidos de períodos de
combate que van desgastando poco a poco a la opción Socialista.
En resumen, el proyecto social
capitalista, no es viable, se agota estratégicamente, no crea las
bases espirituales para avanzar. Este proyecto está destinado a abrir paso
a un proyecto capitalista franco, o al Socialismo verdadero, no hay otra
alternativa en Venezuela.
En las elecciones del dos de diciembre
ganó la contrarrevolución, salió derrotada la Revolución. Ahora la lucha
principal se traslada al interior del bolivarianismo, es una pugna entre
el proyecto Socialista auténtico, y el proyecto híbrido social
capitalista, conciliador, restaurador, y en definitiva capitalista.
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Periodista, Comunicador Social |