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Cultivadores de esperanzas
(Ahora es cuando hay revolución)
Michel Balivo y J. Kalvellido
Algunos
amigos me escriben con tristeza y rabia preguntando que pasó. Bueno,
pasó que esta vez la reforma constitucional bolivariana no pudo ser.
Comienzo por ser sincero, por admitir que no esperaba esta derrota. Me
desilusioné, estuve triste y en soledad hasta lloré. Si eso es ser débil
y poco hombre, pues lo soy sin duda. Sentí como si el futuro se
cerrara, se evaporara dejándome desnudo y desnorteado. No fue la primera
vez, no será la última.
Eso es
lo que soy, así siento, si algún día soy y siento otra cosa se lo haré
saber a quienes interese, porque no experimento el menor deseo de
construir nada sobre apariencias. Me tomó un intenso trabajo atencional
y experimental comenzar a medio reconocerme y aceptarme tal cual soy,
para poder ir empezando a construir sobre ese piso real.
A lo
largo de todos mis escritos he dicho que mi propia experiencia no me
permite creer en recetas revolucionarias ni en la producción o
construcción del hombre nuevo. La vida y en especial la revolución de la
vida, no es un mecanismo lineal predecible. Esa es la inercia de una
época de pensamiento maquinal de la que intentando salir, vamos paso a
paso cayendo en cuenta. Porque la vida no transcurre solamente en
elevadas y abstractas atalayas.
No
vivimos solamente en la azotea, en nuestra cabezota, también tenemos
vísceras, estómago, sótano. Y corazón como punto medio, de equilibrio. Y
cuando descuidamos esas habitaciones luego despertamos sorprendidos y
extrañados, sentados en una calabaza y chupando un palo como canta
Joan Manuel Serrat.
El
conocimiento es poder, permite repetir a voluntad lo que ya aprendimos,
nadie duda de los avances de la ciencia que han revolucionado la
economía y la cultura. Que se los use inapropiadamente es otra cosa. Las
herramientas son neutras, son las intenciones las que se mantienen
humanas o se deshumanizan. Pero como todo, esas direcciones tienen sus
umbrales de tolerancia, más allá de los cuales atentan contra si mismas.
Cuando
yo comencé a reconocer como falseaba lo que realmente sentía y decidí
hablar y actuar fiel a ello, cada paso encontraba una resistencia en los
hábitos que yo mismo había alimentado en convivencia, exigía un precio
ese cambio que deseaba. Eso no lo sabía, lo fui descubriendo a medida
que intentaba avanzar acorde a lo que iba sintiendo.
Si lo
hubiese sabido no hubiese estado en esas circunstancias ni habría sido
necesario hacer nada al respecto. Ante cada resistencia que encontraba
tenía que decidir qué hacer, tenía que afrontar mil temores y
especulaciones. Nunca supe cual serían los resultados de mis decisiones,
pues solo conocía lo que ya había hecho y ahora deseaba cambiar.
Aún hoy
no se que me encontraré en el camino ni que respuesta le daré, así que
lo que realmente comencé a cambiar fue toda mi forma de vida. Fui
descubriendo lo que en mi prefería lo seguro al temor de lo incierto, de
lo por experimentar y conocer. Estaba eligiendo entre el temor
paralizante y la fe, la voluntad propulsora.
Contándoles esto no pretendo hacer una apología de mi experiencia, sino
poner en claro que una revolución involucra todo lo que somos, implica
cambio y creatividad, no hay recetas hechas, y aunque las hubiera ni una
comida sabe igual a la otra.
No hay
mapas, es terreno desconocido que hay que ir explorando paso a paso,
como si avanzáramos en medio de una oscura noche. Es como si el piso
fuese apareciendo a medida que vas dando el paso y no antes. Solo puedes
avanzar con gran fuerza interna y decisión, convicción, confiando en tus
capacidades, porque cuanto más avanzas más te das cuenta que no hay y
nunca hubo nada más que te impulse y sostenga.
Luego de
este traspiés revolucionario cada cual opinamos desde nuestra trinchera
particular. Que si los medios de comunicación, que si las nuevas élites
que se aburguesan, que si estamos infiltrados, que si el imperio, que si
la gente tiene miedo y no tolera mucho tiempo sin que mejoren sus
condiciones.
No
decimos nada nuevo, solo repetimos lo que ya sabemos. ¡Claro que es así!
¿Por qué creen que es necesaria una revolución? ¿No son justamente esos
los motivos que nos impulsaron? ¿Y entonces por qué la sorpresa?
Simplemente hemos experimentado un traspié, se nos ha caído una
creencia, un sueño que velaba las circunstancias reales. Si nos sentimos
tristes, desilusionados y rabiosos está muy bien. Pero solo por un
momento, no para quedarnos revolcándonos inútil e impotentemente allí.
Si un
sueño se cayó, si lo que creíamos y esperábamos no coincide con la
información que nos entrega nuestro entorno, no coincide con nuestros
pre-supuestos, pues es hora de prescindir de ellos y mirar sin esas
anteojeras. Demos una nueva respuesta, intentemos un nuevo camino.
Redireccionemos nuestras fuerzas y conductas.
Nada se
perdió, la Venezuela silenciosa y profunda sigue inalterada. Solo se
cayó una apariencia, una creencia. Ni los éxitos ni los fracasos
situacionales son absolutos. De hecho las derrotas y la tristeza dan una
mayor profundidad a la mirada que muchas veces está de espaldas a su
sensibilidad.
Mientras
que las victorias sin fundamentos esenciales emborrachan y vuelven ciego
a las prioridades, predisponiéndonos a futuros y repetidos errores.
¿Creemos que el mañana será siempre una repetición de los temidos
fantasmas del ayer? Pues entonces no hay revolución posible.
Algunos
familiares y amigos míos votaron en contra de la reforma. No puedo
mandarlos a la cárcel ni torturarlos aunque en el apasionamiento de
algún momento me den ganas de hacerlo. No puedo apartarlos de mi vida
y hacer como si no existieran, porque solo me partiría a mi mismo en
pedazos y es justamente así como comienzan los guetos materiales y
emocionales.
Lo mismo
sucede en las instituciones y empresas del estado. ¿Qué hacemos, los
matamos, los expatriamos? Yo no creo en esa realidad donde de un lado
están los buenos y del otro los malos. Creo que la vida es
intercomunicación sin casilleros, es pura y dinámica interacción sin
abstractas ni estáticas separaciones, en continuo transformismo.
Díganme
uds. donde están hoy las supuestas y bien definidas derechas e
izquierdas en que creíamos ayer, por poner solo un ejemplo. ¿Quieren
otro? Si sacamos cuatro millones de votos, ¿dónde están los seis
millones de aspirantes a militantes del PSUV? Sin embargo, nada de ello
impide que uno siga siendo fiel a su conciencia y haga lo que siente que
ha de hacer.
Lo que
los del norte, los que viven a ciertas alturas, (en sus cabezotas), sin
el calor de la pasión no comprenden, no pueden comprender, pero habrán
de comprender por la fuerza de los hechos que avanzan contra viento y
marea, es que si bien es cierto que los hijos del sur tenemos las manos
vacías, eso nos ha obligado y hecho capaces de vivir apoyados e
impulsados solamente por la esperanza.
Mientras
los del norte vivían burbujas de libertad personal y sueños consumistas
de hartar su vacío con placeres, que terminaban pinchándose,
destiñéndose, estallando inevitablemente una y otra y otra vez en
depresiones del mercado y guerras, los del sur solo podíamos soñar en
sobrevivir dentro de la creciente barbarie depredadora.
Como
consecuencia ellos hoy solo han acumulado y tienen desilusiones y
desesperanza, escepticismo, mientras que nosotros asistimos a la
intensificación y canalización de la esperanza en su hermana mayor la
fe. Nunca hemos tenido nada, nunca hemos tenido mañanas, nuestras manos
crispadas solo aprendieron a aferrar mentiras y traiciones.
Pero hoy
que todo un modelo de ilusiones que nos es ajeno, que nunca tuvo raíces
en nosotros se desmorona, y nos toca caminar sobre el aire y adentrarnos
en el incierto terreno de un futuro sin mapas, nuestras manos siempre
vacías no tienen nada que perder. Solo tienen que soltar y dejar de
aferrarse a las mentiras y traiciones, para sentirse impulsadas hacia un
futuro que no puede sino ser mejor.
Somos
expertos en caminar en la desnudez, sin burbujas ilusorias, porque
tempranamente nos mataron las creencias en mañanas seguros y previamente
resueltos, porque siempre hemos tenido que improvisar como mejor hemos
podido sobre la marcha. Porque los estados que se suponía habrían de
protegernos, deslumbrados, prefirieron dejarse arrastrar por el sueño de
las élites depredadoras, en lugar de propulsarnos hacia nuestros propios
mañanas mejores.
Pero
como hoy queda en evidencia, ¿adónde más que a depresiones y guerras
podía conducirnos el depredar nuestra especie y ecosistema, para
alimentar las ambiciones y sueños de supuestas libertades personales de
clases superiores cada vez más restringidas?
Por eso
los hijos del sur y esas humildes cualidades que desarrollaron en la
esperanza del desesperar, son hoy corazón y motor de toda posible mejora
de calidad de vida, que los impulsa con fuerza a futuro pese a todos los
augurios y gritos del temor del fin de la historia y del mundo, en medio
de un modelo agotado que para nuestro alivio se desmorona.
Lo
humano trasciende nortes y sures, estes y oestes. Lo humano trasciende y
es más profundo que cualquier modelo organizativo y sueño epocal. De
hecho, cada época concibe y construye su modelo apoyado y contrastado
con los alcances y limitaciones del modelo heredado. Por eso las
cualidades útiles dentro de uno de ellos, pueden ser a veces las peores
dentro del nuevo.
Por eso
lo adaptativo para una época, aunque dure cientos o miles de años según
el ritmo histórico de ese momento, puede ser profundamente retrógrado y
crecientemente desadaptativo cuando ese modelo se revoluciona en
transición hacia una nueva etapa. Es en estos momentos de transición que
surge la masa crítica que inicia el éxodo colectivo
Hechos
comprobables y reproducibles son como el grano maduro fruto del trabajo
realizado, se pueden comer y resembrar para multiplicar. Ideologías y
palabras son como nubes, pueden llover o pueden deshacerse sin
consecuencias. Es más, cuanto más negra la nube, más posibilidades de
que su vientre esté preñado de bendita agua, de profunda tristeza y
aprendizaje en lugar de la embriaguez del triunfo circunstancial y
transitorio.
Son las
direcciones de vida las que fructifican y no las conductas acomodaticias
que apuntan a la inmediatez de los intereses. Cuando las conductas se
guían por principios de vida entonces sus referencias no están en lo
circunstancial, no giran como marionetas al ritmo del temor o el dinero.
Entonces es la fuerza interna y la fe lo que crece y no las posesiones y
valores.
Está
bien, nos derrotaron en el referendo para la aprobación de la reforma.
No busquemos excusas ni culpables. No es operativo, no cambiará los
resultados. Miremos mejor la fuerza interna de esa alma colectiva en
ebullición buscando como corregir el error. Escuchemos las consignas que
preñan la atmósfera.
Ahora el
pueblo se prepara a recoger las firmas necesarias para ser él quien
debata y proponga una reforma que la misma constitución establece. ¿Cree
alguien ingenuamente que si enterramos la cabeza como el avestruz, el
acicate contrarrevolucionario cesará y volveremos al idílico pasado?
Pues no
solo no cesará, sino que ebrio de victoria y sediento de poder
presionará por más. Con sus babosas fauces abiertas solo espera la
oportunidad de lanzarse sobre lo que trabajosamente hemos construido,
para engullirlo destrozándolo en pedazos.
Y cuanto
más presione más claro tendremos que es lo que está en juego, más
concientes seremos entre qué y qué estamos eligiendo. Más rápido se
desmoronará lo que nunca tuvo profundos fundamentos. ¿Por qué creen que
el imperio la tiene tomada con nosotros? Las mayores reservas
comprobadas de petróleo sin duda son un inmejorable motivo.
Pero si
además pretendemos nacionalizarlo y administrarlo enfrentando sus
intereses y teniendo éxito en bloquear sus sucias maniobras,
convirtiéndonos en piedra de tranca de toda su geopolítica, entonces la
cosa ya se pone más grave. Afortunadamente no somos los únicos que retan
su poderío unipolar, pero si somos los que proponemos y propiciamos
nuevas alternativas creativas y solidarias que le van serruchando las
patas gradualmente.
Y cuanto
más grande y poderoso es un imperio, más grandes también son sus
vulnerabilidades y estruendoso será el ruido de su caída, arrastrando
con él a todos los acólitos, los mismos que temen y se esfuerzan por
impedir su desmoronamiento. En todo caso una vez que cruzas la línea
roja ya no hay donde volver. Ayer murió y mañana hay que inventarlo
sobre la marcha.
Es en
medio de esta incierta transición donde van emergiendo esas fuerzas y
cualidades que fuimos cultivando y acumulando en nuestra historia de
carencias y fallidas esperanzas. Tal vez ni siquiera sepamos que
disponemos de ellas, tal vez las consideremos un mal de la pobreza del
que deseamos liberarnos de una vez por todas.
Pero
allí están y nos capacitan para ser los pioneros, los exploradores de
este nuevo camino. Los últimos serán los primeros, de los humildes es el
reino de los cielos, los que parecían no serán y los que nada parecían
serán ahora los fundamentos de la nueva etapa. ¿Acaso no estamos viendo
como despiertan y se abren camino quinientos años de opresión y
silencio?
Una sola
cosa más quiero decir. No podemos construir la paz violentamente, es
justamente la cultura del temor y la violencia lo que ha de morir, lo
que hemos de superar y dejar atrás. Solo erradicando el temor y la
violencia de nuestras conductas y confiando en nuestras capacidades, la
paz vendrá a ser.
Todo lo
demás solo será un aparente y situacional avance que nuevamente
revertirá en más y más guerras. La estructura de la realidad es
dialéctica, si mueves una fuerza simultáneamente reacciona la misma
fuerza en la dirección contraria.
Si
necesitas fuerza para mover tu cuerpo y energía para mover un vehículo,
es porque hay una resistencia que vencer. La misma resistencia que
ofrecen al cambio los hábitos y creencias de cada época. Por eso decir o
preguntar por qué el sistema de intereses que llamamos imperio,
reacciona al nuestro de querer ser dueños de nuestras materias primas,
no es sino decir que el color negro es negro o preguntar de qué color
era el caballo blanco de Bolívar.
La
reacción es inevitable, cuando intencionas actualizas inevitablemente
las resistencias. Y si intencionas es justamente porque deseas superar
inercias limitantes. Las inercias resisten tu intención. Las inercias no
son sino hábitos y creencias alimentados en el ejercicio ingenuo de la
vida, tanto vegetal, animal como humana, Pero en nuestro caso se trata
de modelos sociales.
Ignorar
la estructuralidad de la realidad, quejarnos de las reacciones y
esperar, creer ingenuamente que no debería ser así, no cambia ni
resuelve nada. Si quieres abrir camino a tu intención superadora, habrás
de reconocer que son los hábitos y creencias configurados en el
ejercicio de un modelo organizador de la sociedad heredado, los que te
limitan y resisten.
Cuando
las fuerzas dialécticas de un proceso histórico milenario, se han
acumulado y acelerado hasta el punto crítico. Cuando además disponen de
la constitución e instituciones interactivas de una democracia
participativa y protagónica como en Venezuela.
Entonces
toda resistencia y ataque de intereses elitescos no son sino combustible
para la llama revolucionaria, no opera sino como estímulo, incentivo,
como catalizador para que esas fuerzas ganen la decisión, dirección y
organización creciente que necesitan para superarse, liberarse. Es así
como el juego dialéctico de fuerzas iguales pero opuestas, va generando
la intensidad y la dinámica necesaria y creciente para revolucionarse y
dar el salto cualitativo.
En
síntesis, hablamos una vez más del reconocimiento y superación de las
raíces sicológicas de la cultura del temor, el sufrimiento mental y la
violencia. Algo está muriendo, se convulsiona y hace mucho ruido. En su
turbulencia arrastra todo lo ruidoso y violento consigo.
Al final
solo silencio y paz quedarán. Cuando el momento histórico llega, aunque
ni siquiera se vea, la revolución inevitablemente está y es. No hay
vuelta atrás. Es tiempo de pueblos. ¡Fuerza y adelante. Venceremos! |