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sabato, 26 de aprile de 2008 02:34:40



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“El sindicalismo internacional necesita recobrar

la confianza en la acción colectiva para ganar”

 

Entrevista a Jean Pierre Page, exrresponsable del Departamento Internacional de la Confederación General de Trabajadores (CGT-Francia), realizada por Charles Hoareau, para “Rouge Midi”, tras el Congreso Sindical Mundial de La Habana

(Traducción: M. Le Falchier)

Charles Hoareau: Jean-Pierre Page, ¿puedes presentarte y explicar los motivos de tu participación en el 15º Congreso de la Federación Sindical Mundial? 

Jean Pierre Page: He sido durante 13 años Secretario General de la Unión Departamental de CGT del Val de Marne; luego, responsable del sector internacional de la CGT, y, durante unos veinte años, miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal, entre otras responsabilidades y actividades nacionales e internacionales que he ido asumiendo y algunas de las cuales sigo asumiendo.

Pero hablemos del 15º Congreso Sindical Mundial. La Central de Trabajadores de Cuba, que era la anfitriona, me había invitado, como a muchos otros amigos que comparten la misma convicción, que es ver al sindicalismo mundial jugar su papel. Por mi parte, deseo seguir participando a este debate. En su momento, critiqué a la FSM (Federación Sindical Mundial) y también a la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres) o a la CMT (Confederación Mundial del Trabajo). Consideré que hacía falta una renovación profunda del sindicalismo internacional y apoyé la idea de la desafiliación de la CGT. Ahora bien, pienso que en una situación nueva como la que conocemos, esta organización puede contribuir a favorecer una renovación del sindicalismo internacional, con la condición de optar por el cambio; no el cambio por el cambio, sino para la transformación en una organización de lucha.

Personalmente, pienso que hoy en día el sindicalismo internacional no tiene ninguna fuerza y, globalmente, sus dirigentes han optado por seguir las orientaciones del capital (y estoy hablando de todas las centrales). Por lo tanto, hagamos menos historias y retóricas y trabajemos conjuntamente por la renovación del sindicalismo, para conseguir un instrumento al servicio de los trabajadores, para luchar en contra de la globalización capitalista y por una solidaridad más efectiva, más concreta.

¿Quién participaba en este Congreso? ¿Cuál es actualmente la representatividad de la FSM, que la CGT contribuyó a fundar hace 60 años?

Había más de 500 delegados en la Habana, llegados de países de los 5 continentes, incluso de Australia, donde la FSM tiene varios afiliados muy activos, o de EEUU, con un representante de “Change to win”, que agrupa a las principales federaciones de la AFL-CIO que acaban de separarse de la Confederación para constituir una nueva coalición sindical. Esto, por cierto, va a modificar totalmente el marco sindical de EEUU y también el internacional, afectando política y financieramente a la AFL-CIO y a la nueva Confederación Sindical Internacional (recientemente formada con la unificación de la CIOSL y la CMT, ya hecha esta entrevista). Los delegados del Congreso de la FSM procedían de 73 países representando a más de 230 confederaciones nacionales, entre las cuales, 23 de África, y un número importante de Asia, América Latina y el Caribe. La mayoría de ellas no estaban afiliadas a la FSM, aunque el 80% de sus miembros estaban representados. Algunas organizaciones participantes estaban afiliadas a otras centrales regionales o internacionales, pero la mayoría sin afiliación, como la CGT de Francia representada por Daniel Retureau, la CGT portuguesa, el CITU de la India, le Zenroren de Japón, o los sindicatos de China, etc. Este hecho, precisamente, es importante, corresponde a la realidad del movimiento sindical internacional: casi la mitad no tiene afiliación internacional, es decir, la inmensa mayoría de los trabajadores del mundo.

Es en este sentido que hay que hablar de Congreso Sindical Mundial. Quiero añadir que esta participación, en aumento respecto al anterior congreso de Delhi, es muy interesante, puesto que se trata, en muchos casos, de sindicatos del Tercer Mundo, es decir, con recursos limitados, y todas las delegaciones financiaban sus gastos. Aprovecho para denunciar que numerosos visados de tránsito por países europeos Francia, entre otros- fueron denegados a sindicatos del Bangladesh, Paquistán, Filipinas... lo que redujo la participación.

Este congreso ha sido, por lo tanto, especialmente representativo. Demuestra una existencia, una realidad sindical, que sería erróneo subvalorar. Una realidad alejada de esta estupidez que consiste o consistía en considerar la FSM como moribunda o casi desaparecida. Debilitada ayer, pero hoy en plena renovación y con perspectivas. Lo que demuestra que la fatalidad no existe. Estamos muy lejos de este fin de la historia que nos habían anunciado.

Quiero añadir, finalmente, que este año (en presencia de numerosos dirigentes de la CIOSL, entre los cuales estaba su expresidente, y de la CMT, así como de numerosas centrales nacionales) y bajo la presidencia de Juan Somavia, Director General de la Organización Internacional del Trabajo, tuvo lugar un importante encuentro en Ginebra, en junio, para celebrar el 60º aniversario de la FSM.

¿Cuáles eran los retos de este congreso?

¡Nada menos que un cambio radical! Hay que ver las cosas como son; el sindicalismo internacional, sin ninguna excepción, es prácticamente inaudible, bastante inconsistente y, por esto, los trabajadores y sus intereses quedan marginados. Por otra parte, hay que señalar su institucionalización, su burocracia y su afán de reconocimiento (como síntoma, hay que recordar que Hill Jordan, el exSecretario General de la CIOSL fue ennoblecido por la reina de Inglaterra). En resumen, este sindicalismo está tan alejado de las realidades sociales, de las luchas, de la vida del mundo del trabajo, que es totalmente ineficaz; pero, además, vive para sí mismo y para asegurar la existencia social de sus dirigentes. La FSM también estaba en esta situación, si bien es verdad que hay que matizar teniendo en cuenta su representación y su implantación.

Pienso que el mérito de este XV Congreso es haber tenido la valentía  de mirar las cosas sin autosatisfacción y haber sacado las conclusiones, atacando las causas de esta situación. Con retraso, evidentemente, ¡pero al final se ha hecho! La FSM ha modificado su orientación, no sus principios de lucha de clases, los valores internacionalistas que son suyos, pero sí su visión, su estrategia, para hacer de ella un instrumento útil para las luchas y la relación de fuerzas. Lo ha hecho a partir de un análisis riguroso de la globalización capitalista, optando por abrirse al mundo del trabajo internacionalizado de hoy, optando por una verdadera apertura hacia los trabajadores, tengan garantías o no; por lo tanto, hacia el trabajo informal, hacia los sin tierra, los sin derechos, las comunidades autóctonas... Lo ha hecho optando por la unidad sindical internacional sin exclusiones para favorecer una respuesta sindical más eficaz. Esto la ha llevado a modificar radicalmente sus métodos de trabajo y de organización, optando por dinamizar el trabajo profesional y regional al reactivar sus estructuras de coordinación. Ha decidido dejar su sede de Praga por Ginebra y Atenas. Ha elegido una nueva dirección rejuvenecida y más representativa, con un joven Secretario General, Georges Mavrekos, a la cabeza, uno de los dirigentes nacionales de la confederación unitaria de su país: la CGT de Grecia. Estas decisiones han sido tomadas y empiezan a ser aplicadas. ¡Es un cambio muy grande, es muy alentador!

¿Qué puedes decir de los debates?

Fueron muy intensos. Nunca es fácil auto criticarse. El tono ya estaba presente en el documento de orientación y en el discurso de apertura del Congreso por parte del Secretario General de la central cubana. Puesto que el planteamiento era muy crítico, no se quiso cargar demasiado las tintas. Se intentó responder con mucha lucidez a lo que son los desafíos del sindicalismo internacional, los de nuestro tiempo.

A este respecto, es indiscutible que en la crisis del sindicalismo internacional está el fracaso del sindicalismo de acompañamiento, de la negociación sin luchas y del seudo diálogo social. Esto influye mucho en las relaciones sociales por la dominación que ejerce el sindicalismo de los países ricos. En estas condiciones, éste último asume una enorme responsabilidad que, además del retroceso social que vemos en todas partes, lleva al debilitamiento, a la división, a la desafiliación, a la pérdida de credibilidad. Seamos claros: no hay ninguna perspectiva en esta dirección. Como prueba, el balance del sindicalismo en los países industrializados, en especial europeos: el balance que se ha de hacer es aterrador.

Esta situación es más perjudicial que nunca, puesto que hoy la necesidad objetiva de solidaridad es enorme. ¿Para qué sirve hablar de la falta de dimensión social de la globalización, como se hace a menudo en la OIT u otros foros, del agravamiento de las desigualdades y de la pobreza, cuando se está como paralizado por esta realidad? Lo increíble es que esta situación sólo puede ir a peor por  la misma lógica del sistema capitalista, sobre todo si no hay resistencia. En EEUU, 45 millones de trabajadores están privados de cualquier protección social. ¿No es esto la representación de un fracaso: el de una determinada concepción y de una práctica sindical? Y lo que es válido en EEUU también lo es en otro sitio.

Esta situación es más asombrosa todavía cuando constatamos que muchos sindicatos del Tercer Mundo demuestran una vitalidad que debería incitar a las centrales de los países ricos a más modestia y menos arrogancia. Sin embargo, éstas últimas siguen queriendo imponer sus puntos de vista. La presencia del sindicalismo en las instituciones internacionales refleja esta realidad. Por ejemplo, ¿es sano que una única internacional, la CSI, se apropie casi en exclusiva y de manera totalmente unilateral de la mayoría de las responsabilidades que corresponden al sindicalismo en el marco de la OIT, que las use y abuse de ellas? ¿Es justo privarse de experiencias, cuando muchos sindicatos poseen balances, resultados, reflexiones, a la vez que desarrollan iniciativas nacionales e internacionales enriquecedoras para todos?

Tal como lo han hecho notar numerosos delegados del Congreso Sindical Mundial, ¿de qué serviría constatar que la situación de los trabajadores se va deteriorando si no se saca ninguna conclusión en términos de estrategias de lucha y si no se busca las causas? ¿Cuál puede ser la utilidad de un sindicalismo que sólo negocia y gestiona el retroceso social? Este hecho no podría darle autoridad entre los trabajadores. ¡No se lucha ni se afilia a un sindicato para esto!

El Congreso Sindical Mundial, pues, ha recogido ampliamente las luchas en el mundo, así como las cuestiones que plantean. Éstas son muy importantes y consiguen resultados si miramos en América Latina el fracaso del ALCA, el tratado de libre comercio que quería imponer EEUU, y también las evoluciones sociales y políticas manifestadas por los cambios profundos en Venezuela y, más recientemente, en Bolivia. En la India, el reciente movimiento reivindicativo por la defensa de los servicios públicos ha reunido a más de 45 millones de huelguistas y la batalla de Toyota se ha transformado en un combate de dimensiones internacionales, al igual que el de las víctimas de Bhopal, en el cual el CITU está en primera línea. Podríamos dar otros ejemplos de este sindicalismo reivindicativo, que no solamente resiste, sino que contribuye a conseguir resultados concretos en materia de empleo, de derechos sociales, de libertades sindicales y de medio ambiente. La división capital/trabajo a escala internacional, el problema de las relocalizaciones, la voracidad de las empresas transnacionales, la acción nefasta de instituciones tales como el FMI, el Banco Mundial, la OMC o algunas instituciones regionales, como la Unión Europea (aliada con EEUU), todo esto subraya que el sindicalismo tiene  que ocupar su lugar, especialmente articulado con otras fuerzas, como las que moviliza el Foro Social Mundial.

Se trata, pues, de un Congreso orientado hacia el futuro. Se ha discutido mucho la necesidad de construir estrategias de movilizaciones unitarias. Me han sorprendido mucho las enormes expectativas expresadas respecto a la FSM, para que contribuya a una verdadera renovación del sindicalismo internacional, en el sentido de más acciones, más unidad, más democracia y transparencia. El capitalismo, el proyecto de dominación del imperialismo que se expresa en Irak o en otros sitios, supone riegos considerables para la humanidad. Éste fue uno de los temas importantes de la discusión. Por lo tanto, sí, el sindicalismo tiene responsabilidades inéditas para hacer frente a esta nueva realidad. El nivel de los retos exige respuestas distintas. Nadie puede escapar de estas problemáticas, es el sentido y el contenido del “Consenso de la Habana”, la resolución aprobada por todos los participantes, afiliados o no, al final del Congreso Sindical Mundial. Para los delegados, se trataba de afirmar que existe una gran necesidad de un sindicalismo más concreto, más articulado y, sobre todo, capaz de anticipar, y, por lo tanto, muy pegado a las exigencias, pero también a las esperanzas y a los sueños de los trabajadores.

Es, pues, un cambio importante. Pero, ¿qué garantiza que este “Consenso de la Habana” se vaya a aplicar?

Es una pregunta fundamental. Para la FSM, su nueva orientación, su nueva dirección, es una cuestión de credibilidad. Una cosa es decidir y, otra, aplicar, dar vida de manera creativa a las decisiones. En primer lugar, diré que, aparte de los medios para cambiar y transformarse, la nueva FSM afirma una voluntad que, si juzgo por las primeras acciones de su nuevo secretariado, muestra un evidente cambio de comportamiento; por lo tanto, de compromiso y de ritmo de trabajo. Es positivo, pero no es suficiente. En segundo lugar, y es, por cierto, lo que varias centrales no afiliadas han expresado, se felicitan de estos cambios, pero a la vez esperan una concreción del “Consenso de la Habana” en cuanto a iniciativas, acciones y también una nueva visibilidad de la FSM, más ligada a sus afiliados y sus amigos. La revitalización de sus estructuras profesionales y regionales debe contribuir a esto, es bastante urgente.

Pero, de hecho, hemos entrado en una época de clarificación, y los que sienten realmente los principios del sindicalismo de clase, del sindicalismo de lucha, del sindicalismo unitario, quieren dar una dimensión internacional a sus combates. Si el combate es más difícil, a la vez presenta más oportunidades. Por lo tanto, nadie puede escapar a las responsabilidades ligadas a los retos. Cada uno debe escoger el campo en el que se sitúa. El sindicalismo internacional necesita una fuerza dinámica que contribuya a dar a los trabajadores los medios para recobrar la confianza en la acción colectiva para ganar, para conseguir verdaderos avances sociales.

Desde mi punto de vista, está claro que la FSM ocupa ya una posición que le permite responder a estas exigencias. Es un aspecto nuevo que muchos observadores han detectado. Es la única que se sitúa actualmente y se determina a partir de una posición de clase, de lucha y de confrontación con el capital. Ahora tiene que pasar a los actos, y esta ventaja que posee puede permitirle responder de manera útil y eficaz a estas esperanzas. Se le juzgará en función de esto; para ella es un verdadero reto que merece que se le ayude a concretarlo. Es un planteamiento opuesto a la concepción que prevalecía hasta ahora, que consistía en preocuparse por su existencia únicamente –concepción compartida, por cierto, por muchas otras. De alguna manera, existir para sí mismo. Si se trabaja rápida y eficazmente para cambiar la orientación, puede haber una real perspectiva para esta organización. Pero, como todo el mundo sabe, nada es automático.

Un número importante de centrales, entre las cuales algunas muy significativas, han manifestado claramente su intención de seguir desarrollando sus relaciones de trabajo con la FSM e, incluso, a entrar a formar parte de ella. Esta disponibilidad se concretará más rápidamente si se pasa de la palabra a los hechos. Además, una mayor apertura en cuanto a las condiciones de afiliación permite integrar a muchas organizaciones nacionales, regionales, locales, de empresa, a corrientes, organizaciones campesinas, etc.

Precisamente, algunas centrales internacionales como la CISL y la CMT se plantean la creación de una nueva central mundial. ¿Estará la FSM asociada a este proceso?

Se trata de una decisión importante, con la cual sólo se puede estar de acuerdo, puesto que la unidad corresponde a una necesidad. ¿Quién podría pretender, solo y sin solidaridad internacional, hacer frente a los proyectos del capital, independientemente del país, la región o el sector en el cual ejerce su actividad? Numerosas organizaciones en el mundo expresan estas legítimas preocupaciones. La resolución final del “Consenso de la Habana” hace explícitamente referencia a este objetivo.

Pero, volvamos a la pregunta: en la actual situación, la respuesta es no. La FSM y sus afiliados no han sido invitados a participar en estas discusiones. Puede, por lo tanto, uno preguntarse acerca de la contradicción entre la intención y el hecho de pretender hacer algo nuevo cuando, al mismo tiempo, se sigue teniendo los mismos comportamientos de actitud unilateral, de exclusión, de apriorismo y sectarismo respecto a sindicatos que representan decenas de millones de trabajadores.

En estas condiciones, ¿es el objetivo de la CIOSL y de la CMT  romper con las anteriores opciones, con las orientaciones y las prácticas antiguas, superar los actuales entorpecimientos para construir un sindicalismo internacional unitario con todos y con el cual habría que contar si se quiere trabajar para la justicia social, la paz y la cooperación? ¿O, por el contrario, se trata de otra cosa muy distinta? Tenemos derecho a hacernos la pregunta.

Si esta voluntad de abrir un debate con todos existiera realmente, esta propuesta podría relanzar la reflexión en el movimiento sindical, volver a empezar de cero. Es necesario si queremos dar este salto cualitativo.

Por este motivo, ello requiere que los sindicalistas de todo el mundo saquen conclusiones de sus fracasos, que tengan el valor de analizar la situación real, que identifiquen correctamente las posibilidades y también los obstáculos, los límites, los retrasos. Sobre todo, que sean lúcidos. Ahora bien, cuando leemos los documentos preparatorios para el congreso constituyente de la nueva organización, lo menos que podemos decir es que tenemos dudas.

Superar las actuales estructuras, tal como se propone, para crear una nueva central internacional, corresponde a una necesidad de renovación del sindicalismo internacional; pero, ¿para hacer qué y con qué objetivo? La CGT lo había puesto en evidencia, a principios de los años 90, al formular propuestas de renovación y tomar iniciativas como la Conferencia de El Cairo. Pero, luego, renunció, cuando se afilió a la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y cambió de orientación y estrategia en el Congreso de Estrasburgo. Las condiciones que fueron impuestas entonces a la CGT, en especial para conseguir el apoyo de la CFDT a su afiliación, contribuyeron a una evolución nefasta. Sobre todo teniendo en cuenta que nunca se informó a los sindicatos de la CGT. Esta falta de compromiso internacional, paradójico en el contexto de la globalización y, a la vez, contradictorio con su historia, su identidad y sus valores, la falta de implicación y de interés por estos problemas por parte de su Secretario General, está afectando la contribución singular que siempre tuvo la CGT en el seno del sindicalismo mundial y que podría tener en el marco de este debate.

Esta exigencia de cambio y de transformación es legítima y, por eso, merece una amplia discusión en el seno del movimiento sindical internacional tal como está y, evidentemente, con los primeros interesados: los trabajadores, que hasta ahora no se han tenido muy en cuenta. Por lo tanto, no puede ser asunto de algunos pocos aparatos sindicales inmersos en problemas existenciales, o con objetivos que, en el fondo, sólo buscarían flexibilizar el mismo sindicalismo. Algunos responsables de la CGT participan en reuniones con los dirigentes de la CIOSL sobre este tema, pero, ¿qué saben de esto los sindicatos, los trabajadores? ¿Cómo van a determinarse en la perspectiva del próximo Congreso Confederal de la CGT? ¿Se han sacado realmente, desde este punto de vista, todas las lecciones de las condiciones de la afiliación a la CES?

¿No hay ningún debate en el seno de las organizaciones de la CIOSL, de la CMT y las centrales sin afiliación internacional? ¿Lo habéis hablado en La Habana?

¿Cómo el sindicalismo reflexiona sobre su propia crisis, su capacidad no solamente de representar el mundo del trabajo en su estado actual, sino de proponer una visión, un análisis sindical e integral de la globalización, capaz de elaborar unos objetivos, un proyecto coherente, una alternativa, y, por lo tanto, otro mundo posible, que no puede ser el de la sumisión del trabajo al capital? Este debate necesario ha tenido lugar en La Habana, de una manera insuficiente, es verdad, pero ha tenido lugar. De hecho, esta reflexión está presente en todas las organizaciones sindicales, y, puesto que no hay nada uniforme, hay que favorecer la discusión y no intentar solucionar problemas tan fundamentales con respuestas meramente organizativas e institucionales.

¿Cuáles son las opciones del sindicalismo? ¿Se trata de humanizar la globalización,  de regularla en el marco de lo que deciden los empresarios? O, al revés, ¿se trata de contestar las opciones del capitalismo, poner en cuestión la propiedad y los poderes de decisión desde el lugar de trabajo hasta el nivel del Estado?

Es muy difícil encontrar respuestas a estas preguntas, en términos de objetivos y acciones, en este “big bang” del sindicalismo internacional anunciado (realizado) por la CIOSL y CMT. Por cierto, constato muchas críticas y desacuerdos en sus propias filas. Acabo de leer la aportación de un dirigente de la CIOSL que dice lo siguiente:

“...En las propuestas, no hay ningún análisis sobre la naturaleza actual del capitalismo -el cual, sin embargo, ha llevado el mundo del trabajo donde está ahora-, ningún análisis de lo que es la clase obrera hoy en día. ¿Se puede reconstruir la fuerza del movimiento en la perspectiva de una lucha contra el capital transnacional con la única ambición para la nueva internacional de ejercer una mayor influencia sobre el Banco Mundial y el FMI?” Y añade: “... Como si, con una varita mágica, la simple suma de debilidades pudiera producir una nueva fuerza, y esto sin ninguna relación con la realidad o la razón”. Por mi parte, no tengo nada que añadir a esta lúcida constatación.

Por lo tanto, podemos preguntarnos si, finalmente, esta propuesta de nueva central, esta “Global Unión”, no tiene relación con los objetivos del capital, la crisis, la recesión que se anuncia, la guerra económica e, incluso, la guerra. Sabemos que la patronal, sea francesa, europea o internacional, comparte al menos una visión común: la legislación del trabajo y las reglamentaciones sociales son corsés que frenan la competitividad; hay que dar libertad de acción a las empresas abandonando todo lo que puede limitarla. A nivel internacional, las negociaciones en el seno de la OMC constituyen uno de los lugares privilegiados de esta ofensiva.

¿Qué dicen y qué harán los sindicatos cuando se plantee este proyecto? ¿Qué propondrán como proyecto de lucha? Curiosamente, los propulsores de esta nueva central no dicen nada a este respecto.

Pero, ¿no existe un problema de independencia sindical respecto a lo político en las concepciones de la FSM?

Hagamos el análisis de la situación, pero hagámoslo en serio, de la FSM o de cualquier otra organización internacional, regional o nacional. Quiero intentar contestar sobre la cuestión de fondo.

De hecho, a nivel nacional o internacional, rompiendo con unos principios de lucha, auto convenciéndose de que se recuperará la credibilidad del sindicalismo con una actitud de lealtad respecto al capitalismo -gracias al binomio propuesta/negociación o a la reforma de algunas instituciones-, se llega a una forma de perversión de cuál es la finalidad del mismo sindicalismo. Un sindicato debe determinarse en términos de análisis, pero, sobre todo, de acción. Pero, muchas veces, ésta está completamente ausente. Aquí está el fondo del problema; y la independencia sólo tiene sentido según el tipo de respuesta que se da a los problemas planteados. O se reconoce los principios de clase y se actúa en consecuencia, o todo esto no es más que una referencia fácil que tiene más de retórica que de otra cosa. Pero, si es así, hay que decirlo, es más honesto. El concepto de independencia solamente se plantea a través de la contradicción capital/trabajo y la capacidad del sindicato a asumirse como tal, tomando cada vez y siempre el partido de los intereses de clase de los trabajadores.

¿Es el caso hoy? Hay que responder a esta  pregunta y, si la respuesta es negativa, entonces, ¿por qué?

¿Por qué tendríamos que juzgar las relaciones sindicatos/partidos políticos como si fuéramos los garantes de los valores universales del sindicalismo? ¿No sería una muestra de arrogancia? Sobre todo cuando viene de aquellos que son muy flexibles respecto a la política del capital.

Constato que estas concepciones, herencia de una historia que asociaba estrechamente la acción del partido y la del sindicato, han marcado profundamente la vida en la FSM. Pero han influenciado el sindicalismo, todo el sindicalismo. Si esto es verdad, también hay que reconocer que sigue existiendo una versión socialdemócrata de esta concepción y que ésta predomina en Gran Bretaña, EEUU, Alemania, en los países escandinavos, etc. Pero también existe una versión de derechas, con sindicatos correa de transmisión del partido en varios países. Estas dos últimas concepciones consideran insuperables las reglas del mercado y, por lo tanto, del mismo sistema capitalista.

¿Qué queda de esta época que marcó profundamente la historia contemporánea, la de la FSM, pero también todo el movimiento sindical internacional? Las diferencias políticas e ideológicas eran enormes, cada central se posicionaba en función de un bloque. ¿Dónde estamos hoy?

Es imposible contestar puesto que la falta de criterios de clase es común a numerosas organizaciones y no de las pequeñas, independientemente de su afiliación internacional. Sólo hace falta leer los documentos del Congreso para comprobar que son constataciones de los hechos, pocas veces análisis de las causas. Es verdad que es más fácil así para hacer y decir cualquier cosa. Tal como lo subraya de manera pertinente el dirigente de la CIOSL que citaba antes: “...con la nueva central internacional, se afirma querer romper con la antigua ideología de la CIOSL. ¡OK! Pero, ahora, ¿nos vamos a posicionar respecto a qué ideología? ¡Sobre esto no se dice nada!”.

Pasemos a otra cosa. En la FSM había organizaciones que hoy están en la CIOSL. ¿Son ahora más democráticas e independientes que antes? Cuando observo la realidad, en especial la opinión de los trabajadores de estos países, puedo dudar. Además, desde la mutación de estos sindicatos, su balance es a menudo malísimo.

Acabo de llegar de Cuba. Allá hay una larga historia sindical, una continuidad influenciada por las luchas por la independencia y el respeto de la soberanía, por la conquista de derechos sociales, en particular, de Hatuey a Manuel de Céspedes, de José Martí a Fidel Castro. Esta realidad marca en profundidad el proceso revolucionario cubano, y los sindicatos no escapan a ello. Tiene influencia sobre su capacidad para el debate, su libertad de palabra, su dinamismo reivindicativo y a los militantes no les falta. Su internacionalismo les confiere una autoridad y una credibilidad en su país y también en el mundo. Reconocer este hecho no es contradictorio con el de considerar también les problemas, los límites, las dificultades que tienen. Ellos hablan de esto libremente y, en general, con mucha lucidez. Evidentemente, sus concepciones tienen en cuenta la naturaleza socialista de su país y, por eso, son diferentes de las nuestras.

¿Este hecho pone en cuestión las relaciones de trabajo que existen desde hace más de medio siglo, tal como lo ha hecho la CGT? ¿En nombre de qué y de quién, y además sin ninguna explicación? ¿Qué saben de esto los sindicatos de CGT?

Esta concepción selectiva, que a menudo tiene motivaciones oportunistas, crea un enorme perjuicio a los trabajadores en Francia, a la CGT y, está claro, al movimiento sindical internacional.

Y esto está pasando: es increíble, e, incluso, francamente ridículo, cuando el Secretario General de la CES, John Monks, acaba de llamar a la solidaridad con Cuba y la CTC en un mitin sindical en Londres.

¿Qué opina de esto Bernard Thibaut –SG de la CGT? Estaría bien saberlo.

Tener la independencia en cuenta es reconocer para todos la posibilidad de organizarse según criterios propios. Este derecho existe para todos y, por lo tanto, para la CTC cubana, para las organizaciones afiliadas a la FSM y para todas las otras organizaciones. Existen concepciones sindicales diferentes en el mundo; son muy diversas, es así, y representa más bien un factor de enriquecimiento. Yo no compartía las que prevalecieron en los países socialistas. Sin embargo, no eran ni peores ni mejores que otras. La CGT se acomodó a ellas, luego las criticó. Esto es así, y constato que este hecho no impediría discutir, tener relaciones de trabajo y actuar conjuntamente.

Por lo tanto, la verdadera independencia es la que existe respecto del capital, y de las políticas, de los partidos, de las fuerzas, de las instituciones que lo defienden. También hay que ser capaz de dialogar y trabajar con todos los trabajadores y sus sindicatos, en el respeto a las diferencias, en la unidad contra el veneno de la división que el capital intenta organizar.

Por eso, no podemos admitir la referencia obsesiva de algunos a la independencia, cuando, de hecho, esto no lleva más que a dividir un poco más a los trabajadores y sus organizaciones. En estas condiciones, no se puede admitir la ingerencia, la exclusividad, el ostracismo como prácticas en el movimiento sindical. Son inaceptables, sobre todo cuando vienen de los que no han hecho la crítica de una historia todavía reciente, cuando actuaban –y todavía actúan- a las órdenes del Departamento de Estado, en Washington, o de la Unión Europea, tal como lo hemos visto con las posiciones de la CES sobre el proyecto de Constitución europea, o también de instituciones gubernamentales que no tienen nada que ver con la filantropía. Cuando la CIOSL y la AFL-CIO apoyan política y económicamente a la CTV venezolana, esta organización corrompida -implicada en el intento de golpe de estado contra un presidente democráticamente elegido, Hugo Chávez-,

¿qué decir?, ¿callar?, ¿hacer como si no pasara nada?

A este respecto, por cierto, habría mucho que decir sobre el origen, la independencia y la finalidad de las fuentes de financiación de la actividad de los sindicatos, especialmente en los países industrializados. Podemos interrogarnos sobre las consecuencias positivas para los trabajadores de los EEUU del apoyo político y financiero de la AFL-CIO a John Ferry, y felicitarnos de que cuatro federaciones de los TUC británicos hayan decidido acabar con la financiación del New Labour de Tony Blair. Pero, ¿qué pasa con los otros? Sí, estos problemas son muy reales y plantean interrogantes legítimos sobre la verdadera independencia de los sindicatos. Discutamos, hagamos en todas partes una reflexión seria. En Francia también, incluso en la CGT.

Según tu opinión, este 15º Congreso Sindical Mundial plantea problemas que conciernen al futuro del sindicalismo, y, por lo tanto, el contenido de las reivindicaciones y la actitud de los sindicatos frente a los desafíos de la globalización capitalista.

¿Podemos esperar progresos hacia un planteamiento común?

Es necesario y es una responsabilidad que hemos de asumir, puesto que, finalmente, en unas condiciones diferentes -pero en todas partes, nos enfrentamos a una misma lógica, la del mercado es decir, a la búsqueda del mayor beneficio, y nos enfrentamos a los mismos adversarios. Por lo tanto, ¿no es necesario afirmar esta exigencia clara: “el mundo no pertenece a las multinacionales, también es nuestro”, y sacar las consecuencias en términos de objetivos y de lucha?

Pongamos un ejemplo, el del pleno empleo para todos y en todo el mundo. Está en contradicción con cualquier solución de adaptación o de acompañamiento. De hecho, el concepto de “empleabilidad” ha permitido, en EEUU, pasar de una sociedad de pobres sin empleo a una sociedad de pobres con empleo. Es lo que tenemos en Francia con el CPE. Por lo tanto, hay que intentar oponerse tajantemente a estas orientaciones que quieren imponer en nombre de la lucha contra el paro y la pobreza, y hay que hacerlo desde un planteamiento global. Lo mismo pasa con el problema de las relocalizaciones o la defensa de los servicios públicos. Tal como lo dice Fidel Castro, “la guerra contra el subdesarrollo, la pobreza, el hambre, es la única guerra realmente humanitaria”. ¡Esta exigencia moral también debe implicar al sindicalismo!

Por todo ello, los pueblos, los trabajadores y sus organizaciones más que nunca necesitan internacionalizar sus luchas, articularlas desde sus lugares de trabajo, sus pueblos, hasta el nivel mundial, favoreciendo y coordinando sus acciones en las empresas multinacionales, a través de sus sindicatos y sus comunidades... Se trata de construir y multiplicar las redes y los contrapoderes frente a las instituciones supranacionales, financieras, a las potencias hegemónicas, que se atribuyen el derecho de decidir para el mundo entero. Se trata de dotarse de los medios para un amplio debate, tanto sobre la estrategia como sobre la definición de una sociedad capaz de poner el conjunto de los recursos productivos del mundo al servicio de las necesidades y aspiraciones de los trabajadores, y, por lo tanto, de los habitantes del planeta.

Lo decisivo y radical en esta situación, es que el internacionalismo hoy en día no puede reducirse a una definición de principio, a una aspiración moral. Hay que concretarlo en términos de compromisos precisos, de comportamientos consecuentes, y ya, a partir de las realidades nacionales que todos padecen. Para decirlo claramente, se trata de elaborar un programa y definir una práctica social realmente internacionalista, para debilitar el capital en el propio país, en la perspectiva de conseguir éxitos globales y continentales.

En este contexto, el único interés de la solidaridad internacional es poder contribuir a la movilización de los trabajadores y de los pueblos y, por lo tanto, a la realización de sus propios objetivos. Y esto implica las orientaciones, las prioridades, los métodos, los medios y las formas de organización de que dispone el movimiento sindical internacional si pretende tener un peso en la política desarrollada por las empresas, las instituciones y también los gobiernos.

Tratándose de este congreso y, en especial, de la FSM, la opción ha sido  plantear la acción al servicio exclusivo de las reivindicaciones, dejando de lado cualquier actitud guerrillera, cualquier ostracismo, cualquier forma de arrogancia. En todas partes, los problemas económicos y sociales están en el corazón de los retos, de las opciones de sociedad. Por lo tanto, hay que trabajar para responder a las necesidades y aspiraciones de los trabajadores, en la búsqueda de la más amplia unidad, en el respeto escrupuloso de la independencia de cada uno.


Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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