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El dilema de
la Integración Latinoamericana
Darwin Jaramillo
Internacionalista
Asesor Parlamentario
Después del proceso de independentista hispanoamericano emprendido entre
1810 y 1830, las ex colonias españolas cayeron en el dilema de la
mancomunidad o el individualismo. El sistema comercial impuesto por la
corona española de intercambio exclusivo entre las colonias y la
metrópoli, impidió una interacción económica entre las capitanías y los
virreinatos, hecho que no se produjo en las colonias inglesas de
Norteamérica, en donde la cooperación e intercambios entre las 13 colonias
permitió satisfactoriamente su consecutiva federación. Este antecedente de
falta de dinamismo en relaciones distintitas a las militares, provocó que
proyectos de unión como el de la República de (la Gran) Colombia, fueran
desmembrados por la primacía de los intereses particulares de las
oligarquías de las ex colonias.
Los intentos de integración política, económica y militar plasmados en el
Tratado de Liga, Unión y Confederación Perpetua, establecido en el
Congreso de Panamá (1826) y que de igual forma se vieron presentes en los
congresos de Tacubaya (México, 1833), Lima (Perú, 1847), Santiago de Chile
(Chile, 1856) y Lima (Perú, 1864), fueron ejemplos de un espíritu de
comunión entre las nuevas naciones, pero que fue amenazado y debilitado
por los intereses económicos egoístas, los temores de las clases políticas
y caudillos de perder preponderancia y los intereses ingleses juntos a los
de los norteamericanos por mantenernos separados. Estas fueron las causas
que impidieron la consolidación del proyecto integrador en nuestra región.
Lamentablemente este espíritu de unión
sembrado por El Libertador, Simón Bolívar, desde su Carta de Jamaica, fue
desgastándose por el deseo de convertir a las nuevas naciones en los
feudos de nuevas clases de opresoras. Esta irónica realidad de cambiar al
opresor español por un nuevo opresor criollo, mantuvo a nuestros pueblos
aislados de sus hermanos latinoamericanos al impedir el desarrollo de
medios de comunicación entre la naciones y al mantener un poco intercambio
comercial entre las mismas, ya que las relaciones económicas se
fundamentaban en mantener el intercambio con Europa y su modernidad.
Fue hasta la llegada del ímpetu
imperialista norteamericano con la convocatoria de las Conferencias
Interamericanas, con su primera edición en 1889, que la cooperación en el
continente fue desarrollando forma. Es así como la doctrina Monroe se
logra imponer al sueño bolivariano, conformándose un sistema de alianza
que permitió la preponderancia estadounidense disfrazada en un supuesto
concierto americano. Este modelo de cooperación política se ha seguido
mintiendo en nuestros días, pero agotándose consecutivamente a la vez que
se demuestra la farsa que en verdad es, siendo su hecho más emblemático la
no puesta en marcha del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR),
establecido en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la
Paz y la Seguridad del Continente realizado en
Río de Janeiro
en
1947,
por el caso de la Guerra de la Malvinas, único hecho evidente de agresión
extracontinental después de firmado el tratado y de constituida la OEA.
Con este mismo sentido de dominación o
cooperación con el imperio, surge en la primera Cumbre de las Américas
(1994) la iniciativa del Área de Libre Comercio para las Américas. Esta
alternativa buscaba llevar a cabo uno de los objetivos originarios de las
Conferencias Interamericanas y de la Doctrina Monroe, de consolidar la
dominación económica atrayendo a los demás países del continente a un
supuesto acuerdo de cooperación comercial. Afortunadamente los países
latinoamericanos y sobre todo los caribeños, se dieron cuenta de la trampa
en que iban a caer y más al ver los desastres que el modelo neoliberal
produjo en Argentina.
En lo que respecta a la integración
económica, latinoamericana adoptó modelos y mecanismos que obviaban la
realidad de sus pueblos y economías, siendo el primero intento
latinoamericano la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC),
establecida en Montevideo, Uruguay, en 1960. Este primer intento se
enrumbó al fracaso al no abordar desde un principio las disparidades y
desigualdades económicas que existían en la región, además de la falta de
voluntad política de constituir un verdadero proceso de integración
regional, esto gracias a la mirada inquisitiva de la superpotencia del
norte. Ante el fracaso de la ALALC fue conformada en 1980 la Asociación
Latinoamericana de Integración (ALADI), con menos miembros que la
anterior.
Ante los fracasos de la integración
regional, se empieza a llevar a cabo la integración subregional, siendo un
ejemplo de la misma el Acuerdo de Cartagena (1969), llamado en sus inicios
Pacto Andino para luego determinarse como Comunidad Andina. Otros ejemplos
de la misma son el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y el Mercado Común
del Sur (MERCOSUR). Estos nuevos intentos de integración económica
estuvieron orientados en la cooperación entre países con patrones
económicos y comerciales similares, para evitar que grandes desigualdades
lleven a cabo un integración desventajosa para los miembros más pequeños.
Los problemas de estos modelos de
integración fue y ha sido su espíritu neoliberal y de imitación al modelo
europeo. Estos procesos de integración en la región buscaron establecer
una integración por escalafones al estilo de la Unión Europea, pero
obviando la importancia que los factores sociales, políticos y culturales
juegan en la integración, llevando a cabo un proceso en donde las
comunidades no se veían involucradas estableciendo una nula identidad y
hasta desconocimiento, con el proceso que se llevaba cabo.
En la actualidad este dilema por
encontrar un proceso de integración idóneo a la situación latinoamericana,
esta desarrollando nuevos debates y propuestas que se están
materializando. Por fin los líderes de la región han entendido la
necesidad de una integración entre pueblos hermanos, sin la necesidad de
depender de la orientación norteamericana, lo cual ha hecho surgir la
voluntad política que nuestros Próceres infundaron al soñar con nuestras
naciones unidas, permitiendo crear iniciativas de integración integral,
más allá de lo comercial, como la integración energética, con el Gran
Gaseoducto del Sur; la integración financiera, con el Banco del Sur; la
cooperación solidaria y complementaria, con el ALBA, y con el proyecto de
integración suramericana, UNASUR.
Este dilema presta un escenario para
una amplia discusión, pero antes de iniciarla es necesario reconocer
nuestra historia, estudiar nuestras realidades y entender que debemos
desarrollar procesos propios en concordancia con las necesidades de
nuestros pueblos. |