El Plan
“Bush”
contra
Venezuela
Venezuela
no
solamente
representa
un
problema
político
y de
soberanía
para
los
Estados
Unidos,
sino
que
además
son los
poseedores
de los
recursos
energéticos
de los
cuales
depende
toda la
economía
estadounidense
del
mañana.
Por tal
razón,
después
de
haber
intentado
todos
los
golpes
de
estado
posibles
e
imaginables
y
habiendo
fracaso
cada
vez,
Washington
trata
la
acción
militar
indirecta
y
utilizando
Colombia
para
tal
fin. En
esta
perspectiva,
la
administración
Bush
comienza
a
intoxicar
la
información
mediática
para
justificar
un
conflicto
La
hostilidad
de la
administración
Bush
hacia
el
gobierno
venezolano
ha
marcado
un
nuevo
hito,
el 19
de
enero
de
2008,
con las
declaraciones
del
«zar
antidroga»
estadounidense
John P.
Walters.
En
efecto,
durante
una
visita
a
Colombia,
acusó
al
presidente
Hugo
Chávez
de
«haberse
convertido
en un
gran
facilitador
del
tráfico
de
cocaína
hacia
Europa
y otras
partes
del
hemisferio».
Este
nuevo
ataque
contra
el más
popular
de los
líderes
latinoamericanos,
lejos
de ser
gratuito,
forma
parte
de la
estrategia
de
satanización
de la
administración
bolivariana
orquestada
por la
Casa
Blanca
con el
fin de
justificar
una
acción
más
radical
contra
Venezuela.
Ahora,
Washington
y
Bogotá
intentan
vincular
a
Caracas
con el
narcotráfico
internacional
con el
fin de
empañar
la
imagen
del
presidente
Chávez
(1).
Ataques
a
Venezuela
Algunos
días
después,
el 24
de
enero
de
2008,
el
ministro
colombiano
de
Defensa,
Juan
Manuel
Santos,
declaró
que al
menos
tres
jefes
de las
Fuerzas
Armadas
Revolucionarias
de
Colombia
(FARC)
vivían
en
Venezuela,
sin dar
más
detalles.
Al
mismo
tiempo,
el
vicepresidente
colombiano,
Francisco
Santos,
acusó
al
alcalde
de
Maracaibo,
Gian
Carlo
Di
Martino,
de
proporcionar
armas a
la
guerrilla
colombiana
y más
concretamente
al
Ejército
de
Liberación
Nacional
(ELN),
basándose
en un
vídeo
que se
reveló
falso.
Lejos
de dar
marchar
atrás,
incluso
afirmó
que el
alcalde
venezolano
sería
capturado
y
llevado
a
Colombia
(2).
Por su
parte,
Di
Martino
denunció
«un
montaje
que
revela
el plan
que
tienen
Estados
Unidos
[...] y
el
gobierno
colombiano
de
desencadenar
un
proceso
de
desestabilización
en la
frontera
venezolana»
(3).
Los
servicios
de
inteligencia
colombianos
también
acusaron
a
Venezuela
de
abastecer
de
municiones
a las
FARC y
al ELN,
al
compás
de las
declaraciones
del
Departamento
de
Defensa
de
Estados
Unidos
(4). La
oposición
venezolana
siguió
la
línea
de
Washington
y
Bogotá.
Una ex
responsable
de la
Oficina
Nacional
Antidrogas
(ONA),
Mildred
Camero,
declaró
que
supuestos
narcotraficantes
estaban
«protegidos
por
autoridades
venezolanas
y
actuaban
con
absoluta
libertad»
(5).
El
punto
común
de
todas
estas
acusaciones
es la
carencia
absoluta
de
pruebas
o
hechos
concretos
que
apoyen
las
diversas
declaraciones.
El
presidente
Chávez
denunció
las
maniobras
colombianas
y
estadounidenses:
«Yo
alerto
al
mundo
de lo
siguiente:
el
imperio
norteamericano
está
creando
las
condiciones
para
generar
un
conflicto
armado
entre
Colombia
y
Venezuela»,
subrayó.
«En
menos
de una
semana
vino el
jefe de
las
fuerzas
armadas
del
imperio
a
Colombia,
[seguido
por] el
zar
antidroga
para
decir
que soy
el
'gran
facilitador'
del
narcotráfico»,
agregó,
criticando
al
mismo
tiempo
las
declaraciones
de
ministro
de
Defensa
colombiano
(6).
El
presidente
de
Nicaragua,
Daniel
Ortega,
también
puso en
guardia
a la
comunidad
internacional
ante el
peligro
que
representa
la
actual
campaña
destinada
a
vincular
a
Venezuela
con el
narcotráfico.
«Estados
Unidos
está
utilizando
el
territorio
colombiano
[...].
Es un
país
que
está
ocupado
militarmente
por
Estados
Unidos,
para
tratar
de
quebrar
y
romper
este
espacio
que se
está
abriendo
en
América
Latina»,
señaló.
«Esperamos
que el
pueblo
colombiano
pueda
frenar
esta
actitud
de [su]
gobierno
[...] y
que no
cometa
la
locura
de
provocar
un
enfrentamiento»
(7).
Álvaro
Uribe y
la Drug
Enforcement
Agency
implicados
en el
narcotráfico
En
realidad,
el
único
alto
dirigente
que
está
implicado
en el
tráfico
de
drogas
es el
presidente
colombiano
Álvaro
Uribe,
como lo
demuestra
una
fuente
libre
de toda
sospecha:
un
informe
de
inteligencia
del
Departamento
de
Defensa
de
Estados
Unidos
de
septiembre
de 1991
que
detalla
las
relaciones
de
Uribe
con el
cartel
de
Medellín
y los
paramilitares.
Según
ese
documento
confidencial,
que da
una
lista
de 104
«delincuentes,
asesinos,
traficantes
y
abogados
sospechosos»,
tiene
entre
ellos a
«Álvaro
Uribe,
un
político
y
senador
colombiano
que
colabora
con el
cartel
de
Medellín».
El
informe
añade
que
«Uribe
estuvo
ligado
a un
negocio
implicado
en
actividades
de
narcotráfico
en
Estados
Unidos
[...],
ha
trabajado
para el
cartel
de
Medellín
y es
amigo
personal
de
Pablo
Escobar
Gaviria»
(8).
Un
memorándum
elaborado
por el
abogado
del
Departamento
de
Justicia
de
Estados
Unidos
Thomas
M. Kent,
revela
también
que la
Agencia
de
lucha
contra
la
droga
(Drug
Enforcement
Agency
– DEA),
que
forma
parte
del
Departamento
de
Justica,
ha
colaborado
regularmente
con los
narcotraficantes
colombianos
y los
paramilitares
y que
sus
funcionarios
son
«agentes
corruptos
de la
guerra
contra
la
droga».
Este
documento
es una
acusación
implacable
contra
la DEA
y
afirma,
entre
otras
cosas,
que
numerosos
funcionarios
están
al
servicio
de los
narcotraficantes
colombianos,
que son
cómplices
en los
asesinatos
de
informadores
y están
implicados
directamente
en las
operaciones
de
lavado
de
dinero
de los
escuadrones
de la
muerte.
El
memorándum
añade
que los
agentes
corruptos
gozan
de la
protección
de las
más
altas
instancias
gubernamentales
(9).
El
memorándum
de Kent,
del 19
de
diciembre
de
2004,
se basa
en las
declaraciones
de
agentes
de la
DEA en
Florida,
apartados
del
servicio
por
denunciar
los
casos
de
corrupción.
Según
el
abogado
estadounidense,
dichos
agentes
han
tenido
que
afrontar
«enormes
riesgos
para
sus
carreras,
su
seguridad
y la
seguridad
de sus
familias»
por
revelar
«los
nombres
de
quienes
estaban
directamente
involucrados
en la
actividad
criminal
en
Bogotá
y
Estados
Unidos»
(10).
Según
Kent,
un
agente
de la
DEA
estuvo
implicado
en una
actividad
criminal
por
colaborar
con los
escuadrones
de la
muerte
de la
organización
paramilitar
Autodefensas
Unidas
de
Colombia
(AUC),
responsable
de
varios
miles
de
asesinatos.
El
memorándum
expone
«su
implicación
en el
lavado
de
dinero
para
las AUC».
Lejos
de ser
llevado
ante la
justicia,
este
agente
fue
ascendido
y
«ahora
se
ocupa
de
numerosas
investigaciones
de
narcóticos
y de
lavado
de
dinero».
El
abogado
afirma
que los
funcionarios
del
Departamento
de
Justicia
archivaron
el caso
comprometedor.
«En
junio
de
2004,
la OPR
[Office
of
Professional
Responsability,
que es
una
rama de
la DEA]
y la
propia
DEA […]
pidieron
al
agente
encargado
del
caso
que les
proporcionara
toda la
información
[...].
Una
semana
después,
la
investigación
sobre
el
lavado
de
dinero
fue
cerrada»
(11).
El
memorándum
de Kent
detalla
también
tres
casos
que
implican
a
agentes
de la
DEA en
Colombia.
Los
funcionarios
en
cuestión
formaron
parte
de una
conspiración
para
asesinar
a
informadores
que
confesaron.
«Hicieron
revelaciones
asombrosas
sobre
agentes
de la
DEA en
Bogotá.
Afirmaron
que los
agentes
los
habían
asistido
en sus
actividades
de
narcotráfico.
Señalaron
de
manera
específica
que los
agentes
les
proporcionaban
información
sobre
las
investigaciones
y otras
actividades
en
Colombia»,
escribió
el
abogado.
Los
agentes
de
Bogotá
se
reunieron
después
con el
informador
autor
de la
confesión.
«Después
de la
reunión,
fue
asesinado»,
afirma
el
memorándum.
«Otros
informadores
[...]
que
trabajaron
con el
grupo
de la
DEA en
Florida
también
fueron
asesinados.
Cada
asesinato
estuvo
precedido
por una
petición
de
identificación
por
parte
de un
agente
de la
DEA»
(12).
Los
agentes
de la
DEA en
Bogotá
también
impidieron
que
varios
informadores
viajaran
a
Estados
Unidos
para
testificar.
Mientras
estaban
encargados
de
ocuparse
de su
viaje,
los
funcionarios
de
Bogotá
procedieron
a su
detención.
El
memorándum
enfatiza
que
«los
informadores
permanecieron
detenidos
durante
nueve
meses
mientras
llovían
las
acusaciones.
Una vez
que se
pudo
demostrar
que los
agentes
de
Bogotá
mentían,
los
informadores
fueron
liberados.
Uno de
ellos
fue
secuestrado
y
asesinado
en
Bogotá,
donde
se
escondía»
(13).
Por
otra
parte,
los
agentes
de la
DEA en
Colombia
impidieron
que un
informador
se
reuniera
con
agentes
que
vinieron
de
Florida
en el
marco
una
investigación
que les
concernía.
No
escatimaron
medios.
«Un
agente
de
Bogotá
viajó a
Washington
y
afirmó
esta
vez que
el
informador
era
pederasta.
La
investigación
se
clasificó.
Se
requirió
al
agente
para
que
demostrara
su
información
pero no
pudo
aportar
ninguna
prueba»
(14).
La
dudosa
legitimidad
moral
de
Washington
y
Bogotá
Las
revelaciones
del
abogado
Kent
son
abrumadoras
tanto
para
Colombia
como
para
Estados
Unidos
y ponen
muy en
duda su
legitimidad
moral
para
erigirse
en
jueces.
En
cuanto
a
Uribe,
el
informe
del
Departamento
de
Defensa
es
implacable
contra
él y
demuestra
su
implicación
en el
crimen
organizado
y en el
narcotráfico
internacional.
Uribe
no es
el
único
mandatario
de
Colombia
implicado
en el
tráfico
de
narcóticos.
Un
general
del
ejército
colombiano
retirado,
Pauselino
Latorre,
ex jefe
de los
servicios
de
inteligencia,
así
como su
sobrino
Leobardo
Latorre,
ex
fiscal
de la
unidad
de
antinarcóticos
de la
Fiscalía,
fueron
arrestados
en
enero
de 2008
por
lavado
de
dinero,
por
importe
de un
millón
de
dólares,
y
asociación
con las
mafias
de la
droga.
Habían
elaborado
un
sistema
para
enviar
importantes
cantidades
de
cocaína
(diez
toneladas
al mes)
no sólo
a
Estados
Unidos
sino
también
a
Europa
y
África
(15).
Una
realidad
diferente
Conviene
recordar
algunos
elementos
indispensables
sobre
la
problemática
del
narcotráfico
y
arrojar
luz
sobre
la
campaña
de
desprestigio
contra
Venezuela
que han
lanzado
Washington
y
Bogotá.
En
efecto,
el
mayor
productor
de
cocaína
y el
consumidor
más
importante
de esta
sustancia
en el
mundo
no es
Venezuela,
sino
Colombia.
Detrás,
Estados
Unidos
sigue
siendo
el más
importante
consumidor
de
drogas
del
planeta
y jamás
ha
actuado
contra
las
instituciones
financieras
implicadas
en el
lavado
de
dinero
procedente
del
narcotráfico
(16).
La
administración
Bush
intenta
convencer
al
mundo
de que
Venezuela
se está
convirtiendo
en el
centro
mundial
del
narcotráfico.
El
Departamento
de
Estado
ubicó
por
tercer
año
consecutivo
a
Venezuela
en la
lista
de
países
que han
fracasado
en la
lucha
contra
el
narcotráfico.
No
obstante,
el
informe
mundial
de las
Naciones
Unidas
de 2007
sobre
las
drogas
contradice
estas
afirmaciones:
«Se
informa
a
menudo
de que
las
remesas
con
destino
a
España
pasan
por
Venezuela,
Brasil
y
cierto
número
de
otros
países,
incluidos
Ecuador,
República
Dominicana,
Argentina
y, como
nueva
tendencia,
México.
Sin
embargo,
la
tendencia
principal
en los
últimos
dos o
tres
años ha
sido el
envío
de
cocaína
a
África
occidental,
por lo
general
a las
aguas
situadas
ante
las
costas
de Cabo
Verde,
Guinea
Bissau
y las
Islas
Canarias,
así
como a
diversos
países
del
Golfo
de
Guinea,
como
Ghana,
Costa
de
Marfil,
Togo,
Nigeria,
y más
hacia
el
oeste a
Guinea,
Sierra
Leona y
Liberia
para su
posterior
entrega
en
Europa»
(17).
Por
otra
parte,
se
reconoce
la
labor
de
Venezuela
por su
activa
lucha
contra
el
narcotráfico.
Desde
la
ruptura
de la
colaboración
con la
DEA en
2005,
las
autoridades
bolivarianas
pasaron
de
43,25
toneladas
incautadas
en 2004
a 77,52
toneladas
en
2005.
En
Venezuela,
la DEA
fue
responsable
de
actividades
conspirativas
y de
espionaje
a favor
de la
oposición
golpista.
La DEA
también
hizo
burla
en
varias
ocasiones
de la
legislación
venezolana
procediendo
al
arresto
de
varios
individuos,
competencia
exclusiva
de las
autoridades
del
país.
Caracas
había
denunciado
«una
flagrante
violación
de la
soberanía
nacional
y una
puesta
en
peligro
de la
seguridad
y la
defensa
de la
nación»
(18).
Por
fin,
resulta
difícil
acusar
a las
autoridades
venezolanas
de
laxitud
o
inmovilidad
en la
lucha
contra
el
narcotráfico.
En
efecto,
según
la
Oficina
Nacional
Antidrogas,
en
2007,
se
incautaron
57
toneladas
de
drogas
y 53
aviones
en el
territorio
nacional.
Se
destruyeron
trece
laboratorios
de
producción
de
cocaína
cerca
de la
frontera
colombiana
y 60
pistas
de
aterrizaje
clandestinas.
Además,
se
están
desmantelando
otras
126
pistas.
Se
incautaron
más de
178
toneladas
de
sustancias
químicas,
así
como 23
inmuebles,
25
embarcaciones,
18
aviones,
53
fincas
y 106
vehículos
utilizados
en esta
actividad
criminal.
Venezuela
también
procedió
a la
extradición
de tres
individuos
hacia
Colombia
en
marzo y
abril
de
2007,
respondiendo
favorablemente
a una
petición
del
Departamento
Administrativo
de
Seguridad
(DAS)
de este
país.
Un
ciudadano
estadounidense
también
fue
deportado,
después
de una
petición
de
Washington
(19).
Venezuela
ha
invertido
480
millones
de
dólares
en la
instalación
de
radares
que
permiten
controlar
el
espacio
aéreo
nacional
y
especialmente
la
frontera
con
Colombia.
Más de
380
funcionarios
de los
servicios
de
seguridad
del
Estado
dedican
su
tiempo
a
vigilar
los
eventuales
tráficos
ilegales
y
analizar
imágenes
satelitales
para
detectar
los
cultivos
ilegales.
En
diciembre
de
2007,
se
efectuaron
al
menos
14
vuelos
de
inspección
sobre
la zona
fronteriza
(20).
Las
instituciones
internacionales
tales
como
las
Naciones
Unidas,
pero
también
la
Organización
de
Estados
Americanos,
alabaron
los
esfuerzos
venezolanos
en la
lucha
contra
el
narcotráfico,
particularmente
en
cuanto
a la
utilización
del
«Sistema
Interamericano
de
Datos
Uniformes
sobre
el
Consumo
de
Drogas»,
la
aplicación
de
programas
de
prevención,
la
realización
de
investigaciones
nacionales,
la
creación
de un
registro
nacional
de
sustancias
químicas
que hay
que
controlar,
la
promulgación
de la
ley
orgánica
contra
el
crimen
organizado,
la
erradicación
sistemática
de
cultivos
de
drogas
y la
ratificación
de
varios
convenios
internacionales
de
lucha
contra
las
drogas
(21).
Así, el
informe
de 2007
de la
Comisión
Interamericana
para el
Control
del
Abuso
de
Drogas
(CICAD)
reconoce
los
esfuerzos
realizados
por
Venezuela.
Caracas
también
firmó
50
acuerdos
bilaterales,
con 37
países,
relativos
a la
lucha
contra
el
narcotráfico.
La
Oficina
Nacional
Antidroga
recibió,
por su
eficacia,
distinciones
de la
mayoría
de los
países
de la
región
y
también
de
naciones
tales
como
España,
Reino
Unido o
los
Países
Bajos
(22).
El
gobierno
bolivariano
también
ha
elaborado
una
estrategia
nacional
para
luchar
contra
el
narcotráfico
construyendo
tres
aeropuertos
en
Maracaibo,
Margarita
y La
Guaira,
que
serán
los
únicos
puntos
de
entrada
y
salida
para
los
aviones
privados
y
permitirán
así
ejercer
un
mejor
control
del
flujo
aéreo.
Se ha
instalado
un
sistema
de
identificación
(IFF)
que
permite
seguir
el
rastro
de los
aviones
que
entran
ilegalmente
en el
espacio
aéreo
del
país.
Se ha
creado
una red
nacional
antidroga
que
implica
al
conjunto
de los
servicios
sociales
de la
nación.
Finalmente,
Caracas
ha
lanzado
un
innovador
plan
quinquenal
(2008-2013)
para
mejorar
la
lucha
contra
el
crimen
organizado
con un
control
más
adecuado
de las
vías
marítimas
y
aéreas
(23).
Conviene
recordar
que
Estados
Unidos,
que
pretende
abanderar
una
guerra
mundial
contra
el
tráfico
de
sustancias
ilegales
y que
acusa
Venezuela
de
falta
de
cooperación
en este
campo,
impidió
que el
gobierno
bolivariano
adquiriera
aviones
españoles
indispensables
para la
vigilancia
de las
fronteras,
pues
éstos
contenían
componentes
estadounidenses.
Washington
también
prohibió,
por las
mismas
razones,
que
Brasil
vendiera
24
aviones
Tucanos
a
Caracas,
que se
iban a
utilizar
en la
lucha
contra
el
narcotráfico.
Por
fin, la
administración
Bush
decidió
retirar
dos
radares
de
vigilancia
que se
encontraban
en
suelo
venezolano
(24).
La
doble
moral
de
Washington
y las
amenazas
de
Bogotá
Como se
puede
constar
fácilmente,
la Casa
Blanca
no
tiene
ninguna
autoridad
moral
para
estigmatizar
a
Venezuela
en la
cuestión
de la
lucha
contra
la
droga.
La
credibilidad
de
Washington
deja
mucho
que
desear
y por
eso las
llamadas
del
Departamento
de
Estado
y su
portavoz,
Thomas
A.
Shannon,
para
retomar
el
diálogo
sobre
este
asunto
no
pueden
ser
tomadas
en
serio
(25).
Además,
Caracas
jamás
ha
ninguna
mostrado
ambigüedad
con
respecto
a este
asunto,
al
contrario,
ha sido
muy
clara:
«El
narcotráfico
es una
actividad
criminal
de
consecuencias
inmorales
y
trágicas.
Aporta
millones
de
dólares
a los
carteles
de la
droga,
pero
destruye
física
y
moralmente
a
millones
de
seres
humanos
que
pueblan
la
tierra.
La
lucha
contra
el
narcotráfico
es una
obligación
ética»
(26).
Hugo
Chávez
reiteró
su
advertencia
ante
una
eventual
ofensiva
colombiana
contra
Venezuela.
Los
servicios
de
inteligencia
de los
países
de la
región
confirmaron
sus
sospechas
(27).
El
presidente
anunció
que las
fuerzas
armadas
estaban
en
estado
de
alerta
pues
«es
posible
que
Colombia
se
preste
a una
acción
militar
contra
Venezuela
pero se
arrepentiría
por
cien
años»
(28)
«Yo
acuso
al
gobierno
de
Colombia
de
conspirar,
actuando
como
una
marioneta
del
imperio
norteamericano,
y de
planificar
una
provocación
militar
contra
Venezuela»
(29).
Por su
parte,
Washington
negó
semejante
posibilidad
(30).
Durante
una
reunión
con los
familiares
de los
rehenes
colombianos,
el
canciller
venezolano
Nicolás
Maduro
reiteró
su
deseo
de
mantener
relaciones
cordiales
y
pacíficas
con
Colombia
y
brindó
modestamente
su
contribución
a favor
de la
liberación
de
todos
los
secuestrados
y de la
paz.
Por
cierto,
las
FARC
acaban
de
anunciar
la
liberación
unilateral
de
otras
tres
personas
(31).
La
campaña
de
desinformación
que ha
lanzado
la Casa
Blanca
y que
Bogotá
ha
secundado,
no
tiene
otro
objetivo
que
empañar
la
imagen
del
gobierno
venezolano.
En
efecto,
Washington
no
acepta
ver a
una
nación
del
subcontinente
librarse
de su
tutela
y
reivindicar
su
independencia.
Notas
(1) The
Associated
Press,
«Venezuela
rechaza
acusación
de zar
antidrogas
de EEUU»,
21 de
enero
de
2008.
(2)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«EEUU
crea
condiciones
para
generar
conflicto
entre
Venezuela
y
Colombia»,
26 de
enero
de
2008.
(3)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«Di
Martino:
El
vídeo
es un
montaje»,
26 de
enero
de
2008.
(4)
Gonzalo
Guillén,
«Acusan
a
Chávez
de
suministrar
balas a
las
FARC y
el
ELN»,
El
Nuevo
Herald,
21 de
enero
de
2008.
(5) The
Associated
Press /
El
Nuevo
Herald,
«Ex
jefa
antidrogas
denuncia
apoyo a
narcos
en
Venezuela»,
4 de
febrero
de
2008.
Ver
también
The
Associated
Press /
El
Nuevo
Herald,
«Denuncian
protección
de
narcos
en
Venezuela»,
3 de
febrero
de
2008.
(6) The
Associated
Press /
El
Nuevo
Herald,
«Chávez:
EEUU
propicia
conflicto
armado
Colombia-Venezuela»,
26 de
enero
de
2008.
(7)
Ibid.
(8)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«EEUU
conoce
vínculos
del
presidente
de
Colombia
con el
narcotráfico
y el
paramilitarismo»,
23 de
enero
de
2008.
(9)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«DEA
colabora
con
narcos
y
paramilitares
en
Colombia»,
25 de
enero
de
2008.
(10)
Bill
Conroy,
«Leaked
Memo:
Corrupt
DEA
Agents
in
Colombia
Helps
Narcos
and
Paramilitaries.
Internal
Justice
Dept.
Document
Alleges
Drug
Trafficking
Links,
Money
Laudering
and
Conspiracy
to
Murder»,
The
Narco
News
Bulletin,
9 de
enero
de
2006.
http://www.narconews.com/docs/ThomasKentMemo.pdf
(sitio
consultado
el 10
de
febrero
de
2008).
(11)
Ibid.
(12)
Ibid.
(13)
Ibid.
(14)
Ibid.
(15)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«General
y ex
fiscal
colombianos
arrestados
por
pertenecer
a mafia
de la
droga»,
25 de
enero
de
2008.
(16)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«Discurso
del
Embajador
Jorge
Valero,
viceministro
para
América
del
Norte y
Asuntos
Multilaterales
y
Representante
permanente
de
Venezuela,
ante el
Consejo
Permanente
de la
OEA»,
23 de
enero
de
2008.
(17)
Oficina
contra
la
Droga y
el
Delito,
2007,
Informe
Mundial
sobre
las
Drogas,
Naciones
Unidas,
2007,
p. 81.
http://www.unodc.org/documents/wdr/WDR_2007/WDR%202007_Spanish_web.pdf
(sitio
consultado
el 10
de
febrero
de
2008).
(18)
Agencia
Bolivariana
de
Noticias,
«Discurso
del
Embajador
Jorge
Valero,
Viceministro
para
América
del
Norte y
Asuntos
Multilaterales
y
Representante
Permanente
de
Venezuela,
ante el
Consejo
Permanente
de la
OEA»,
op. cit.
(19)
Ibid. |