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República Dominicana
Miedo, no disciplina en las FFAA
Narciso Isa Conde
El mes de abril nuestra República
Dominicana, por aquello de la participación de los militares democráticos
en la revolución popular de 1965 y en la guerra patria contra el invasor
yanqui encabezadas por los coroneles Caamaño y Fernández Domínguez, nos
remite siempre a sucesos relacionados con las instituciones armadas de
aquí y ahora deseo contarles esta vivencia muy reciente.
La experiencia de ese abril heroico,
además, tiene un valor extraordinario para el proceso de formación de la
nueva izquierda caamañista en el cual estamos empeñados(as) un buen número
de revolucionarios(as) dominicanos(as) en estos nuevos tiempos de la
revolución bolivariana de Venezuela y esta ola de cambios progresistas en
toda la región.
Me decía el teniente retirado, cuando me
encontré con él en una reunión ampliada de un nutrido Círculo Caamañista
en uno de los barrios populares de la parte alta de esta Capital, que una
vez se atrevió a decirles a oficiales superiores que en las Fuerzas
Armadas Dominicanas “no había disciplina, sino miedo”
El tema vino a colación mientras él
hacía una larga y tediosa cola para comerse el “chao” (comida de guardias
en el lenguaje criollo), siendo militar activo.
Resulta y viene a ser que ese día, como
todos los demás, la cola avanzaba muy lentamente para los “rasos”, porque
todo el que tenía “rayas” por encima, pasaba hacia delante violentando el
orden.
Entonces nuestro compañero caamañista
era raso y sufría las consecuencias del abuso de cabos, sargentos y
oficiales, que no respetaban el orden de llegada ni la conformación de la
fila.
Ese día se cansó de soportar la
desconsideración y decidió romper el silencio para expresar en voz alta:
“aquí en la guardia no hay disciplina, sino miedo”
Y lo dijo tan fuerte que su expresión y
su actitud llegó al oído no solo de los cabos y sargentos, sino también de
los oficiales que rondaban por esos predios.
Hubo no pocas caras de asombro y otras
con muecas de reproche y rictus de amenaza.
Pero el raso, ahora teniente retirado,
no se inmutó ni se dejó intimidar. Siguió tranquilo y volvió a decir “Si,
en la guardia no hay disciplina, sino miedo.”
Entonces un sargento, ofendido porque le
cuestionaran sus privilegios, decidió conducirlo hacia el oficial de
guardia al que solo le contó lo que había dicho el soldado que altivamente
se decidió a vencer el miedo en pleno apogeo de los tristemente famosos
doce años de la dictadura disfrazada de Balaguer.
El oficial lo escuchó e inmediatamente
apreció la gravedad del hecho, pero se decidió primero a pedirle
explicación a ese guardia atrevido que había sido capaz de pronunciar una
frase tan ofensiva contra las “pundonorosas” Fuerzas Armadas Dominicanas.
El raso serenamente le explicó lo que
estaba pasando todos lo días en la fila del almuerzo y lo incómodo que se
sentían él y muchos otros, llegando a la conclusión que solo el miedo -y
no la disciplina- lo conducían a él y a todos los afectados a aceptar
pasivamente y en silencio ese comportamiento abusivo de todos los que
situaban por encima de los rasos.
Confesó, además, que lo hizo conciente
de los riesgos que implicaba su acción, pero con la ligera esperanza de
que una queja tan justa y tan sencilla se entendiera y eso permitiera
corregir las causas que la provocaba.
El oficial solo dijo que reportaría el
caso y pasaron muchas horas sin señal alguna.
Horas de tensión para este buen
ciudadano uniformado. Tensión hasta que le llegó a todo lo miembros de esa
unidad una circular en la que daban instrucciones para organizar la hora
de almuerzo y el proceso previo de otra manera: los rasos tendrían su
fila, los cabos y sargentos la suya y lo oficiales la propia.
Separados, pero en orden de llegada,
recibirían sus raciones de comida. Nuestro amigo sonrió por dentro, pero
no hizo alarde de su conquista. Y así quedó claro el valor de atreverse,
solo que raras excepciones entonces se decidían a hacerlo. La suerte
dependía de la mentalidad del jefe o los jefes de turno.
Cuento esto porque estamos en un mes muy
especial para los (as) dominicanos (as): abril. El mes de lo militares
honesto y patrióticos, de los que se atrevieron a reivindicar los derechos
del pueblo. El mes de Fernández Domínguez, Caamaño, Lora Fernández, que
hoy quiero recordar con esto veros publicados hace en febrero del 2000:
“Hay abriles más primaveras que todas
las primaveras.
Grandiosos, espectaculares.
Hubo un Abril Caamaño primavera.
Un Abril Caamaño, Lora, Fernández y
Domínguez,
Con flores Juanmigueles,
Con flores que nacen del dolor llenas de
alegría,
Que caen con decoro y proyectan
esperanzas
Abril heroico, con aroma a Patria Digna
y sabor a pueblo.
Con coroneles intrépidos,
Soldados y combatientes hermosos….
Un abril cruelmente aplazado.
Un abril que habrá que renovar,
Que habrá que repetir.” |