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EL DIABLO EXISTENTE
Estados Unidos y su
Doble Moral con la Infancia
Anahí Arizmendi
Periodista. Consejera Nacional de
Derechos del Niño, Niña y Adolescente
Los niños, niñas y adolescentes son las
principales víctimas del modelo neoliberal salvaje, que Estados Unidos y
gobiernos complacientes han impuesto durante años en nuestra América. Más
del 40 por ciento de la población latinoamericana ha sentido directa o
indirectamente, los diversos rostros de la exclusión social.
Para ilustrar la generosidad de su
visita por Latinoamérica, George Bush toma como ejemplo el trabajo de su
hija en Centroamérica, “quien se hizo amiga de una madre sola con VIH”.
Así como otros aspectos de su agenda oculta, nada dice sobre las maquilas,
la explotación comercial y sexual, la trata de niños y mujeres hacia los
campos norteamericanos, y las redes de pedófilos estadounidenses que
viajan a Centroamérica para abusar de adolescentes pobres.
Para el país que junto Somalia, son las
únicas dos naciones que no han ratificado la Convención sobre los Derechos
del Niño, mejor es eludir compromisos internacionales, y promover una
política de certificación o desertificación de países en base a sus leyes
internas. Así, Estados Unidos vulnera la soberanía de los pueblos y
violenta el sistema internacional de derechos humanos.
En palabras de Bush, en entrevista a
CNN, sobre su visita a Latinoamérica, la gente es lo que más importa.
“Algunos pensaran que Estados Unidos no le ha prestado suficiente
atención. Tenemos antecedentes sólidos. Voy a ir a ver programas que se
han beneficiado del pueblo estadounidense. Quiero recordarle a la gente la
generosidad de nuestro país. Es importante demostrar que no estamos solo
gastando dinero, sino que estamos haciendo cosas positivas con ese
dinero”.
¿Servirá la visita de Bush para que los
estadounidenses conozcan la realidad de los miles de niños, niñas y
adolescentes víctimas de conflictos armados promovidos por la industria
armamentista, o la realidad de los niños indígenas víctimas de los
pesticidas y químicos que se lanzan sobre el amazonia para imponer el Plan
Colombia, o los miles que murieron al nacer o a corta edad, producto de la
pobreza que la lógica capitalista impone, o los que quedaron sin hogar
producto de los desastres naturales, gracias al no compromiso de países
como Estados Unidos, que no suscriben protocolos ambientales y que emiten
casi el 30% de los gases que inciden en el recalentamiento Global?
Seguramente que no. Bush viene a
imponer un modelo, y sin duda, a allanar los caminos para sostenerlo a
sangre y fuego. Para ello, la realidad de los niños, niñas y adolescentes
norteamericanos, latinoamericanos, afganos, irakies, debe permanecer
invisibilizada.
LA POBREZA TIENE
ROSTRO JUVENIL
Miles de personas vieron con horror
como los aviones se estrellaban contra las torres del World Trade Center.
Cerca de 3 mil personas fallecieron. No obstante, y ante miradas
indiferentes, se estima que cada año mueren en los Estados Unidos de 2 mil
a 5 mil niños por causa de abuso y abandono.
Ellos son invisibles, a pesar de que
son casi la mitad de los pobres crónicos de Estados Unidos.
según el estudio ‘Pobreza Infantil en
Países Ricos, 2005', del Centro de Investigaciones Innocenti de UNICEF y
otros estudios:
Alrededor del veinte por ciento de los
niños de los Estados Unidos viven en la pobreza.
Otro veinte por ciento vive al borde de
la pobreza.
La mitad (48%) de los pobres crónicos
son niños.
Un niño menor de seis años tiene
mayores posibilidades de vivir en la pobreza que un niño de mayor edad.
Un niño que vive en los Estados Unidos
tiene mayores posibilidades de vivir en la pobreza que un niño que vive en
la mayoría de los países industrializados.
La pobreza es más común entre los niños
de ascendencia africana e hispana que entre los niños anglosajones. Sin
embargo, continúa aumento entre estos últimos.
Según la organización de cooperación
con sede en Washington, Bread for the World (Pan para el Mundo), uno de
cada cuatro niños americanos en edad de crecimiento pasa hambre.
Bush viene a promover el libre mercado,
el modo de vida americano y una economía de disneylandia. La realidad es
que más de la mitad de los pobres estadounidenses son negros e hispános.
Estados Unidos vive una economía de apartheid.
Para el niño o niña que nace en el sur
profundo, antiguas tierras de plantaciones de algodón y de extensa
esclavitud: Arkansas, Lousiana, Mississipi, Tennesee, las Carolinas, etc,
su vida transcurre con el 40% de los pobres americanos, que representan el
15,7% de los habitantes de estos estados, una tasa de pobreza mayor que la
media nacional. En el Oeste, California, Nevada, Nueva México, Texas, etc,
los emigrantes latinoamericanos también padecen la pobreza.
En su trabajo “La Pobreza en Estados
Unidos”, Luís de Sebastián, catedrático y miembro del área social de
Cristinisme i Justicia destaca
“La literatura que leen los niños en
los colegios está llena de historias de niños pobres que llegaron a tener
enormes riquezas gracias a su trabajo, a su habilidad y un poco de buena
suerte. Los ciudadanos ejemplares que se proponen a la admiración e
imitación de todos son también personas reales con este tipo de aventura
vital: nacimiento humilde -juventud esforzada- madurez con éxito. En un
país donde no se puede presumir de nobleza de sangre, de apellido, de las
gestas de los antepasados o de las grandes posesiones heredadas, se
presume de haber ganado dinero, y si ese dinero se ha ganado saliendo de
la indigencia tanto mejor. En Estados Unidos, donde se cultiva tanto el
mito del éxito personal, los pobres son siempre sospechosos.
La mayor parte de los americanos ven a
los pobres como "perdedores", como personas que no han tenido la voluntad,
la habilidad, ni la fuerza para aprovecharse de las ventajas que ofrece a
todos los ciudadanos el sistema abierto, democrático y de libre empresa de
los Estados Unidos”.
Y sentencia: “Los pobres no son
perdedores sino despojados, herederos de una situación de injusticia como
fue la esclavitud, y víctimas de la explotación imperial que ha generado
la emigración. Al echar a los pobres mismos la culpa de su pobreza, se
escamotea la responsabilidad del sistema, del tipo de sociedad, de los
ricos, de las multinacionales, etc. en la generación y mantenimiento de un
gran mar de pobres en medio de un paraíso de abundancia de bienes
materiales. Parecen decir: "El sistema sólo genera prosperidad y
abundancia; el que no se beneficia de ellas es por su culpa". El
encubrimiento sería perfecto, si no fuera tan grosero e increíble”.
CAMPOS DE LAGRIMAS
Estados Unidos fue uno de los primeros
países en ratificar el tratado sobre las peores formas de trabajo
infantil. (Convenio 182 OIT)El Congreso ha negado recientemente beneficios
comerciales a los países en vías de desarrollo que incumplen el nuevo
convenio internacional. Pero el mismo Estados Unidos lo está incumpliendo.
La Ley de Comercio y Desarrollo de 2000
niega las preferencias comerciales con Estados Unidos a países del África
subsahariana, el Caribe y América Central que no hayan puesto en práctica
sus compromisos de eliminar las peores formas de trabajo infantil
Los niños que trabajan en el campo
estadounidense constituyen el ocho por ciento de los n.n y a.
trabajadores, pero sufren el 40 por ciento de los accidentes mortales en
el trabajo infantil.
En su informe, "Campo
de lágrimas: Explotación infantil en la agricultura estadounidense,"
que se concentra en los niños de 13 a 16 años. Human Wrights Watch
denuncia que los niños que trabajan en el campo estadounidense suelen
trabajar jornadas de 12 y 14 horas, y están expuestos al envenenamiento
por pesticidas, enfermedades provocadas por el calor, lesiones y
discapacidades para toda la vida. La gran mayoría de los niños que
trabajan en el campo son latinos.
Las leyes que gobiernan el trabajo
infantil en la agricultura son mucho menos estrictas que las relativas a
otros sectores de la economía, y permiten que los niños trabajen a edades
más tempranas, más horas y en condiciones más peligrosas, en comparación
con los niños y niñas empleados en otros trabajos.
Los niños que trabajan en el campo
están habitualmente expuestos a pesticidas peligrosos y padecen
irritaciones, dolores de cabeza, mareos, nausea y vómitos. Entre las
consecuencias a largo plazo del envenenamiento por pesticidas están el
cáncer, el daño cerebral y los problemas de aprendizaje y memorización.
Muchos jóvenes que trabajan en el campo
se ven obligados a trabajar sin tener acceso a baños, instalaciones para
lavarse las manos y agua potable adecuada, los tres requisitos sanitarios
más fundamentales. La falta de instalaciones para el aseo contribuye al
envenenamiento por pesticidas y las infecciones bacterianas, mientras la
falta de agua potable adecuada puede provocar deshidratación y
enfermedades relacionadas con el calor. Los niños suelen trabajar en los
campos a temperaturas superiores a los 36 grados centígrados.
Cuando se descubren y denuncian las
violaciones, los cultivadores suelen eludir la responsabilidad ocultándose
tras los contratistas de mano de obra agrícola que emplean. Dado que los
contratistas de mano de obra suelen tener poco dinero y ningún seguro de
responsabilidad civil, el resultado es que las sentencias y multas no se
pagan y los trabajadores se quedan sin compensación. Incluso cuando se
cita y multa a los cultivadores, las sanciones son mínimas e insuficientes
para disuadir futuras infracciones.
A pesar de que la agricultura es la
segunda ocupación más peligrosa, sólo por detrás de la minería, un estudio
federal reciente concluyó que la OSHA (Administración de Seguridad y Salud
en el Trabajo) dedicaba menos del tres por ciento de sus inspecciones a la
agricultura. Se estima que se producen un millón de violaciones relativas
al trabajo infantil en la agricultura estadounidense cada año.
Ello conlleva un efecto doblemente
discriminatorio contra los niños de origen latino.
¿Y entonces, para que viene Bush a
Latinoamérica? A recordarnos que el diablo existe. |